Transformando el espacio educativo

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  • Hablamos con el artista Siro López sobre cómo el diseño del espacio escolar es clave para facilitar el aprendizaje, impulsar la creatividad y fomentar la inclusión
  • “Si el tamaño del aula se mide por el tamaño del pupitre, pocas cosas puede hacer el profesor que no sea mantener a los alumnos inmovilizados”, advierte el autor de Esencia. Diseño de Espacios Educativos. Aprendizaje y Creatividad
  • Para acometer una reforma de espacios, Siro aconseja reflexión y asesoramiento: “No se trata de hacer una entrada fastuosa para impresionar y que luego los alumnos no puedan desempeñar pedagogías activas». También, participación de alumnos y familias.

Somos movimiento en el espacio. Y somos emoción. Y hoy sabemos que la emoción condiciona el aprendizaje. La escuela ha tardado tiempo en darse cuenta de que el espacio escolar puede condicionar el aprendizaje. La reflexión sobre el diseño de aulas y patios ya forma parte de la inquietud generalizada por transformar la educación. El diseño ya no es un privilegio del mundo adulto, ni un anzuelo del marketing. Y el pupitre ya no delimita el aprendizaje.

El artista Siro López, durante la presentación de su libro Esencia, el pasado año en la Fundación Botín.

Bien lo sabe el artista Siro López, cada vez más reclamado por colegios e instituciones que buscan formación y asesoramiento sobre la importancia del diseño en la escuela. Su libro, Esencia. Diseño de Espacios Educativos. Aprendizaje y Creatividad (Khaf, 2018), se ha convertido en un referente de la reflexión sobre el espacio educativo a través de un viaje por los mejores espacios de aprendizaje que el artista ha encontrado en escuelas de todo el mundo.

“Son detalles de diseño los que nos hacen volver a un restaurante, trabajar más a gusto en un sitio, usar un objeto determinado y no otro, optar por una determinada app en el móvil… El diseño es importante y está presente en todo elemento de nuestra cultura. ¿Por qué hemos de descuidarlo en la escuela?”, se pregunta Siro López. “Es en la escuela donde pasamos los mejores años de nuestra vida; donde los niños pasan gran parte de su tiempo”.

El artista ha pasado casi todo el verano impartiendo conferencias y talleres en varios países de Latinoamérica. De vuelta en España, el curso le depara la visita de dos colegios cada semana. La inquietud es la misma en centros privados que en públicos, asegura. Todos buscan adaptar sus espacios a nuevas maneras de enseñar, pero también crear ambientes que favorezcan el aprendizaje y la creatividad, tanto en niños de Primaria como en los adolescentes de Secundaria.

“La asesoría es muy útil porque cuando estás dentro hay cosas que no ves. Convives de manera natural con espacios y detalles que perjudican el aprendizaje. Para empezar, el pupitre no debe definir la pedagogía”.

St Luke’s Catholic College, Autralia. (Foto: Teresa Duch. Publicada en Esencia, de Siro López)

Aulas como gallineros y patios para el fútbol

El espacio de las escuelas se ha mantenido fiel a sus orígenes, a la filosofía industrial que las concibió “como fábricas con los alumnos metidos en cajas, como gallineros”, define Siro.

“No podemos seguir así. El espacio ha sido totalmente descuidado y olvidado, y cuidarlo va mucho más allá de pintar una pared o de poner paredes de cristal”, explica el artista, recién llegado de Latinoamérica, donde ha pasado mes y medio participando en congresos educativos y asesorando a colegios e instituciones sobre la generación de espacios de aprendizaje.

“Si el tamaño del aula se mide por el tamaño del pupitre, pocas cosas puede hacer el profesor que no sea mantener a los alumnos inmovilizados”. “Debemos diseñar aulas emocionalmente agradables. En Infantil se tiene en cuenta, pero luego eso se va descuidando y en Secundaria es lamentable cómo se castiga a la adolescencia”.

Igual que las aulas, al artista le preocupa la hegemonía del patio solado con porterías. “Debemos cuidar el patio para que sea inclusivo y no el monólogo del fútbol que es protagonista en muchos colegios”, sostiene. “La presencia de la Naturaleza es imprescindible”, incide.

The Yard, Edimburgo, Escocia (Reino Unido). (Foto cedida por Siro López)

Y la sombra. A Siro le duele especialmente visitar un colegio y ver que se ha preocupado de poner sombra para los coches en el parking, pero no para los niños en el patio.

“El centro de la escuela son las personas, la infancia y la adolescencia; no la institución pública o privada que lo gestione”, reivindica Siro. Son muchos y variados los detalles que demuestran que a un colegio le preocupa el bienestar de los alumnos y su educación por encima de las apariencias. Sin ir más lejos, los cuartos de baño…

“Lo primero que miro en un colegio es dónde y cómo están los cuartos de baño”, señala Siro. “El cuarto de baño habla de la institución que hay detrás. Si la dirección ha quitado el papel higiénico para evitar atascos, está diciendo que ante un problema su solución es la prohibición. Si no tienen jabón, no pueden decirle al niño que la higiene es importante. Si no hay papel ni jabón, ni están bien cuidados, le estás transmitiendo al adolescente que todo vale, y que no te importa lo que haga en el baño”. Cada detalle educa. Todo educa. Como poner un número en la puerta de cada aula en vez de un nombre que la defina.

Reflexión y participación, más que sólo dinero

Pensando en todos esos colegios que ya estén dándole vueltas a cómo reformular sus espacios, hemos preguntado a Siro cuestiones clave como si es preciso tener un gran presupuesto para ello, si es mejor hacerlo en verano, si es mejor hacerlo todo de un tirón, si puede hacerse poco a poco…

“Si hay un colegio que tarda tres meses en reformar sus espacios, es genial, pero que tarde cinco años no es peor si tiene claro adónde va. Lo importante es la reflexión de la que parte esa reforma y su coherencia con el proyecto educativo, con la transformación de la educación”.

Tampoco hay que asociar la reforma de espacios con grandes presupuestos. De hecho, “aunque el presupuesto es una cuestión importante, su tamaño no garantiza el éxito”. “He visto grandes reformas hechas con mucho dinero que han sido un fracaso”. Por eso es importante partir de una reflexión y de un buen asesoramiento antes que de un gran presupuesto.

Le preguntamos a Siro si esta incipiente inquietud por el diseño y la estética no corre el riesgo de quedarse en la superficie.

“Hay que tener cuidado con no caer en modas pasajeras. Las reformas para aparentar sin reflexión acaban pasando factura”. “No se trata de hacer una entrada fastuosa para impresionar a las familias y que luego los alumnos no puedan desempeñar pedagogías activas, igual que no tiene sentido tirar tabiques y poner paneles de cristal si luego se van a tapar con cartulinas y murales”.

Pincha y echa un vistazo a Esencia, el último libro de Siro López (Khaf, 2018).

“Los espacios de las escuelas de todo el mundo que yo muestro en el libro pueden replicarse en cualquier escuela”, asegura.

Para Siro es más importante que todo lo que sea posible se haga de manera participativa entre la comunidad educativa: el centro, el alumnado y las familias. Por ejemplo, transformar un patio, montar un huerto, generar espacios donde estén presentes todas las inteligencias múltiples, zonas para cocinar, bailar, construir, descansar, juegos de mesa, espacio lector plantar árboles,… “Los proyectos participativos hacen que el propio proceso de transformación sea educativo en sí mismo y forme parte de verdad del proyecto educativo de centro”, incide. “La implicación del alumnado da verdadero sentido educativo a la transformación del espacio y es educativa por sí misma”.

En ese proceso de reflexión obligado, también hay que tener en cuenta que “cada escuela debe ser única. E igual que no hay dos escuelas iguales, no debe haber dos aulas iguales”.

En su trayectoria asesorando a escuelas de toda España, a Siro le llama la atención “una preocupación excesiva por la seguridad” y “cosas incomprensibles” como “el miedo a la arena”: “No sea que los padres se quejen de que los niños llegan sucios a casa”…

Calidad expositiva

Y ya que no tiene sentido poner paredes de cristal si van a acabar tapadas por cartulinas, le preguntamos su opinión sobre la tendencia al horror vacui en aulas y pasillos, sobre todo en Infantil. ¿Cuantos más murales y dibujos allá en torno a los niños, mejor?, ¿o peor?

Escuela La Navata, Galapagar. (Foto cedida por Siro López)

Precisamente la calidad expositiva es uno de los temas sobre los que él imparte formación a los colegios. Aquí nos lo explica:

“Si tu expones bien un trabajo, eso tiene valor educativo. Esos folios pegados con celo en la pared, ese papel continuo arrugado, están restando valor a lo que se expone. Los centros educativos deben tener una calidad expositiva, una cultura de museo, porque no se puede exponer el trabajo de un alumno de cualquier manera. Tenemos que reaprender a comunicar lo que se aprende para darle valor”. Y ojo a esta observación: “Que el docente de Infantil pegue en la pared del aula 20 margaritas iguales que salen de las fichas de los libros es una rutina que mata la creatividad”.

Hay tantas cosas que no vemos pese a tenerlas ante nuestros propios ojos… Es como si nos faltaran las gafas de mirar. En Esencia, Siro López nos regala esas gafas para ver el espacio en clave de aprendizaje. Y, a partir de ahí, la reflexión y el cambio son inevitables

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