Alfonso Aguiló: “Hay que poner en primer lugar al ciudadano”

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“Si una escuela lo hace bien, tiene poco que temer a los avatares políticos. Ninguna administración podrá contra una escuela que sea muy demandada porque las familias estén satisfechas”
“Para mejorar la educación, no sobra nadie. La solución no es que la competencia desaparezca. Para mejorar, tenemos que mejorar todos”
“Universalizar el 0-3 cuesta muchísimo dinero. La solución más sencilla, contando con todas las escuelas, sería la desgravación fiscal”
“Si los alumnos de concertada no tienen acceso a becas de comedor o de transporte, será muy difícil que las familias de menor renta puedan plantearse elegir un concertado”

Alfonso Aguiló da una imagen de hombre templado. En la conversación, habla bajito, busca las palabras precisas y directas. Cuesta imaginársele como profesor de Matemáticas ante una treintena de adolescentes. Así empezó en el Colegio Tajamar, que luego dirigió durante 11 años. Hoy preside la Fundación Arenales, que cuenta con 20 colegios; y, desde 2015, la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE). Aguiló es un directivo de los que escucha y delega; de los que cree en la suma del trabajo en equipo más que en el lucimiento personal; en la responsabilidad y el compromiso de cada uno, empezando por él mismo, por encima de dificultades y contratiempos; en el esfuerzo por encima de la justificación; en el diálogo y el acuerdo por encima de imposiciones de corto recorrido… Y sobre todo, es un optimista nato, actitud vital que considera imprescindible para trabajar en educación y por la educación porque, sostiene, “es muy difícil educar sin creer en las personas”.

Hablamos con él en vísperas del 46º Congreso de CECE, que se celebra en Valencia desde este jueves y hasta el sábado. El congreso de la enseñanza privada concertada por excelencia viene este año marcado por el anuncio inquietante del Gobierno de que eliminará la “demanda social” de la programación escolar. De ello hablamos con Alfonso Aguiló, entre otras cosas.

Pregunta.- CECE celebra su 46º congreso anual. ¿Hay algún reto que se plantee nuevo o con especial importancia de un año para otro?
Respuesta.- Estamos en un cambio de escenario político. La fragmentación del arco parlamentario influirá en la legislación educativa futura y nos parece importante estar muy presentes en ese debate para que las líneas en las que se enmarque la educación en el futuro sean lo más acertadas que sea posible. Pero encontrar una nueva ley por sí solo no arregla la educación. Hay que trabajar mucho desde dentro para que las escuelas y los profesores mejoremos la educación. Al final ese objetivo es el más importante. Las leyes crean un marco, pero luego son los centros, los docentes, las familias y los alumnos los que tienen que gestionar ese cambio.

P.- De repente, en muy pocos meses, nos hemos encontrado con que la política ha vuelto a absorber el protagonismo en educación…
R.- Con frecuencia el debate político se centra en cuestiones que son irrelevantes para la educación; controversias ideológicas entre diferentes partidos que escogen la educación como campo de conflicto, pero que no son relevantes para lo que luego sucede en las aulas y para los problemas que tienen. Entiendo que la gente que se dedica a la política tiene muchas cosas en la cabeza y que la educación es una más. Para ellos son importantes sus objetivos electorales y eso es natural. Por eso nosotros siempre hemos insistido tanto en la importancia de un pacto en educación. En la medida que haya un pacto, se aleja la batalla política de la educación. La experiencia que yo veo en muchos países de Europa es que alejar esa batalla de las aulas es mucho mejor para la educación.

Alfonso Aguiló cree que para mejorar la educación tenemos que mejorar todos y que no mejorarán unos por sacar del campo de juego a otros. (Foto: Alberto Di Lolli)

Alfonso Aguiló cree que para mejorar la educación tenemos que mejorar todos y que no mejorarán unos por sacar del campo de juego a otros. (Foto: Alberto Di Lolli)

P.- El Ministerio ha abierto una consulta pública previa sobre un anteproyecto de Ley orgánica de modificación de la actual Ley de Educación. ¿Qué ha hecho CECE al respecto?
R.-
En el mismo momento en que se puso en marcha informamos a todas nuestras federaciones provinciales y autonómicas, para que desde los centros todos pudieran hacer aportaciones. Hemos preferido no recurrir a envíos masivos de formularios cerrados, pues pensamos que es más eficaz y respetuoso que sea cada federación, o cada centro, o cada persona, quienes escriban con sus propios argumentos y sus propias palabras manifestando su propio parecer. CECE ya ha manifestado institucionalmente su posición en diversos encuentros con el Ministerio, con el que tenemos una comunicación muy fluida.

P.- Cuando el actual Gobierno plantea cambios legislativos que afectan a la enseñanza concertada apela a argumentos como el de que la concertada es selectiva y excluyente, pero los colegios lo niegan. ¿Cómo responde CECE a ese mantra tan reiterado?
R.- Cuando se acusa a la concertada de no tener tanto alumnado de bajos recursos económicos, o de no tener tanto alumnado inmigrante como la pública, hay que pensar en cómo el sistema actualmente está desviando a esta población a los centros públicos. Si los alumnos de centros concertados no tienen acceso a becas de comedor, será muy difícil que las familias de menor renta puedan plantearse elegir un colegio concertado. Si los alumnos de centros concertados no tienen acceso a las ayudas para transporte, será muy difícil que las familias del medio rural o de menor renta pueden tener acceso a un centro concertado. Estoy convencido de que si hubiera un trato de igualdad en este aspecto entre centros públicos y concertados, las proporciones serían diferentes.

P.- Otro de los mensajes acuñados por el Gobierno es que la pública va a todas partes y la concertada no, que la concertada no está en zonas rurales. ¿Eso es así? Porque históricamente ha habido muchas escuelas, sobre todo vinculadas a órdenes religiosas, o a iniciativas sociales, en zonas rurales.
R.- La enseñanza privada, sobre todo católica, ha estado históricamente muy presente en el medio rural, y en muchos casos llegó antes de que la enseñanza pública pudiera hacerse cargo de esa función en muchos municipios. Hay que tener en cuenta que, hace un siglo, la tasa de natalidad en España era el triple de la actual y la proporción población rural respecto a la urbana era mucho mayor (del orden del triple de la de ahora). El alumnado rural era mucho más numeroso que ahora, y durante décadas estuvo muy deficientemente atendido y muchas congregaciones religiosas hicieron un enorme esfuerzo para prestar ese servicio. Con el tiempo, la enseñanza pública se hizo presente, habitualmente con instalaciones nuevas y muy bien dotadas, y siempre con presupuestos de funcionamiento muy superiores. Eso, unido a que el alumnado se redujo muy drásticamente, hizo de que la enseñanza católica tuviera que retirarse paulatinamente. Muchos de los que ahora dicen que la enseñanza concertada no está en el medio rural debían hacer un repaso a la historia de esos lugares y probablemente descubran que estuvo, y estuvo antes, y que fue desplazada, cuando no hostigada en muchos casos, hasta que se fueron.

P.- ¿Cuál es el cambio estructural del sistema educativo que le parece más urgente abordar?
R.- Es importante un gran acuerdo en educación y dejar de discutir de cuestiones ideológicas ajenas a la educación que impiden abordar los verdaderos problemas de la educación, que son el abandono temprano, el fracaso escolar, las causas de la alta repetición de curso, cómo se puede hacer un diagnóstico más temprano para resolver los problemas a tiempo; cómo generar mayor equidad, cómo generar mayor excelencia, que no son incompatibles, sino al contrario; cómo mejorar la Formación Profesional; también los idiomas, donde tenemos un problema importante. Son cuestiones complejas que no se resuelven con una varita mágica, pero podemos resolverlas entre todos si dejamos de pelearnos por menudencias.

P.- Precisamente el lema del congreso de este año es “Necesarios, plurales, complementarios”. ¿Es una reivindicación de la importancia que tiene la escuela concertada y privada en España?
R.- Sí. Porque, para mejorar la educación, no sobra nadie. Hay personas que cuando piensan en la educación, lo primero que les viene a la cabeza es sacar a alguien del campo de juego. Además de que no es muy deportivo, creo que para mejorar, tenemos que mejorar todos. La forma de mejorar no es que la competencia desaparezca. En cualquier ámbito de la vida, para mejorar, simplemente hay que hacerlo mejor. Cuando vemos que otros lo hacen mejor, eso nos estimula a los demás para hacerlo mejor. No es que la educación se base en la competencia, pero es natural que cada familia quiera el mejor colegio para su hijo y en ese sentido competimos todos. Cada familia busca el mejor colegio para su hijo, pero no según un ranking, sino según su propio ranking. Cada familia tiene un ranking diferente para valorar colegios. Y las familias tienen que encontrar el servicio que buscan y que creen que necesitan. Ahí está el asunto: en poner en primer lugar al ciudadano, al alumno y a sus padres, y en ver cómo darles mejor atención.

P.- ¿Le parece que algunas declaraciones públicas denotan una molestia por que los padres se planteen qué colegio les gusta más?
R.- Sí. Yo entiendo que la enseñanza pública es el eje vertebrador del sistema educativo y todos deseamos que sea muy buena. Pero que algunos planteen la mejora la educación pública de una manera tan simplista, queriendo hostigar a la enseñanza concertada, me parece un error muy grave, sobre todo para la pública, porque, para mejorar, lo que necesita es ver en qué puede mejorar y hacerlo, igual que cualquier escuela concertada. Intentar quitar al otro del horizonte para que me puedan elegir sólo a mí no es un buen planteamiento en el mundo en el que vivimos porque, por mucho que se hagan eslóganes políticos, cuando la gente busca escuela para sus hijos, quiere una escuela mejor. No le importa tanto que sea pública o concertada como que sea buena. Quien defiende a su colectivo antes que a la calidad, se equivoca. Yo no defiendo la concertada con un sentido corporativo; no defiendo la mediocridad que pueda haber, ni en la concertada ni en ningún sitio; defiendo dar un buen servicio, en la concertada y en todo, me parece bien que se sepa quién lo hace peor para que, así, su propio entorno le exija hacerlo mejor. Eso es bueno que ocurra para todos, tanto para la pública como para la concertada. Por lo tanto, no se trata de esconder lo que se puede mejorar, ni de defender a uno porque sea de un grupo o de otro, porque sea de los tuyos o de otros; no se trata de proteger a un colectivo, sino de dar una protección y un estímulo a trabajar mejor.

P.- Eso es, precisamente, lo que el congreso de CECE intenta año a año: imprimir motivación a los centros y que aprendan unos de otros. ¿La actual coyuntura no desviará ese objetivo en el congreso de este año?
R.- Todos los años tenemos esa doble preocupación: por un lado, estar presentes en el debate político porque tiene importancia; y por otra, transmitir a todos la convicción que tenemos de que lo importante es que los colegios funcionen muy bien. Al fin y al cabo, hoy por hoy, hay mucho debate, pero tampoco está habiendo muchos cambios legislativos ni tantos cambios de rumbo. No es fácil cambiar porque no hay consenso en lo que hay, pero tampoco hay consenso sobre adónde tenemos que ir. Por eso, como no hay un esfuerzo de consenso, seguiremos debatiendo sin abordar los problemas reales…

P.- ¿Qué le dice CECE a sus colegios ante este escenario de incertidumbre?
R.- Si una escuela lo hace bien, tiene poco que temer a los avatares políticos. Ninguna administración educativa podrá contra una escuela que sea muy demandada porque las familias estén satisfechas. La fuerza que tienen las familias es mayor que cualquier controversia política. (Hace una pausa para pensar) Hay que trabajar muy bien, dar a conocer ese trabajo y suscitar optimismo. En Educación el optimismo es imprescindible. Es muy difícil educar sin creer en las personas y sin creer en la propia forma de educar. Hace falta convicción. Demasiada gente basa su discurso político en el catastrofismo, en el victimismo, en decir que todo está muy mal, y crea un clima en el que todo el mundo se siente justificado si las cosas salen mal. Eso es muy malo para la educación.

P.- Precisamente en el congreso de CECE hay programado un debate entre representantes políticos. ¿Qué espera de él?
R.-
Nos gustaría que no fuera un debate en el que cada uno haga su discurso o diga su programa. Espero que logremos que quienes lo dirijan planteen cuestiones concretas, que haya respuestas breves y que, realmente, cada uno se retrate en cuáles son sus planes en puntos que a todos nos preocupan.

P.- ¿Aparte de las reformas anunciadas que afectan a la concertada, qué le parece la gestión que está haciendo el Gobierno en el poco tiempo que lleva?

R.- Veo muy positivamente los planes que tiene la ministra para la Formación Profesional. La conoce y sabe que es uno de los grandes asuntos que debe mejorar en nuestro país. La Formación Profesional está mejorando mucho y tiene ahora el doble de alumnos que hace 10 años, pero tiene que crecer mucho más el número de titulados de Secundaria postobligatoria y de titulados superiores no universitarios para mejorar el nivel de educación del país. En otros temas, tiene también propuestas interesantes. Pero veo con preocupación un trasfondo ideológico en otros puntos, que quiero pensar que se debe sobre todo a sus aliados políticos.

P.- ¿Qué aportan los centros de CECE en Formación Profesional y qué pide CECE para la Formación Profesional?
R.- Tenemos centros de Formación Profesional de lo más variados: en el ámbito rural y en el urbano, abarcando todas las familias profesionales, y tanto privados como concertados. Pensamos que hay que saber trabajar pensando en las preferencias de los alumnos, pero atendiendo también al mercado laboral y sus demandas reales. Una de las grandes tareas es transmitir a los alumnos cuáles son las especialidades que tienen más demanda y, por tanto, en las que pueden tener más probabilidades de empleo; hay que prestigiarlas y hacerlas atractivas. De esa manera, tendremos profesionales perfectamente preparados para ellas.

P.- Para eso es clave mejorar la orientación profesional desde los centros educativos.
R.- Sí. Lo que pasa es que es un tipo de orientación que para los centros de Secundaria y Bachillerato a veces es difícil porque precisa personas que conozcan muy bien el mercado laboral. Hay que generar espacios de información y de coordinación para que se conozcan mejor las posibilidades del mundo laboral y las necesidades que hay; también que los poderes públicos fomenten las especialidades que más demanda tienen. Ahora mismo, ésa es una gran cuestión: armonizar la demanda de los alumnos con la demanda de las empresas. Otra cosa es armonizar el trabajo de los centros de formación y las empresas para que la formación sea más acertada y acorde con lo que se necesita. Todo esto no quiere decir que la demanda de las empresas tenga que ser la directriz de todo lo que se hace, pero hay que tenerla en cuenta. Luego, precisamente por su vinculación con la empresa, en Formación Profesional también hace falta mayor flexibilidad, por ejemplo, para encajar con los horarios laborales, o por los desplazamientos al centro de trabajo…

P.- En cuanto a la armonización de oferta y demanda, los centros de gestión privada están en la cuerda floja porque, si no dan lo que los jóvenes demandan, no pueden sobrevivir.
R.- Es el mismo debate que se da en la Universidad. Es natural querer tener alumnos. Pero los centros también saben que si esos jóvenes luego no encuentran trabajo, se irán quedando sin alumnos. Es importante que las universidades y los centros de FP estén muy atentos al panorama laboral y a las necesidades que tiene el país o que hay fuera del país. No se trata de ir contra la libertad de elegir estudios, pero hay muchas formas de incentivar a una cosa u otra. Sobre todo, hay que dar mucha información para que los jóvenes tomen buenas decisiones. Y la Administración educativa debe dar todas las facilidades para flexibilizar las autorizaciones de los cambios y transformaciones necesarias.

P.- Otro nivel educativo en el foco político ahora mismo es la Educación Infantil en el periodo 0-3. Ahí CECE representa a muchas escuelas infantiles privadas que escolarizan a muchos niños, con más o menos ayudas por parte de la Administración. Pero el acuerdo de Presupuestos de PSOE y Podemos, y el debate que han generado con ellos, habla de universalizar el 0-3 sólo con plazas públicas. ¿Sería más eficaz para las familias que, además de crear plazas públicas, se concertaran plazas ya existentes en escuelitas privadas?

R.- Ahora mismo hay unanimidad en la importancia de la educación de 0 a 3 porque favorece la evolución futura del alumno, favorece la conciliación laboral y familiar y, por ello, también la maternidad y la natalidad. Pero universalizar el 0-3 cuesta muchísimo dinero. Si nacen unos 400.000 niños al año en España, en 3 años son 1.200.000 niños. Si cada alumno supone 3.000 o 4.000 euros, en seguida nos ponemos en 6.000 millones de euros. Eso es mucho dinero para todo el país. Hay que aspirar a financiarlo, por supuesto, pero la solución de nacionalizar la Educación Infantil es volver un poco a los tiempos de la dictadura, cuando se nacionalizaba todo y el Estado monopolizaba todo lo importante. Eso no casa con estar en la Unión Europea. En vez de arrasar con todas las pequeñas empresas que se dedican a la Educación Infantil, lo natural sería aprovechar todo ese tejido que ya hay y que da trabajo a tanta gente, y darle cauce. La solución más sencilla, para contribuir a la universalización del 0-3 contando con todas las escuelas, sería la desgravación fiscal. Eso permitiría no tener que hacer miles de conciertos y de convenios con esas escuelas. Cada familia podría elegir la escuela que mejor le parezca y tener una compensación vía IRPF. Esta fórmula garantiza, además, que la ayuda sea conforme al nivel de renta de cada uno. Favorecería una mayor equidad. …Ahí es donde se ve si realmente se quiere solucionar un problema o si se busca un rédito electoral. Aunque, en el fondo, los votantes no son tontos: la gente quiere llevar a sus hijos adonde quiere, no adonde le digan. Por eso, todo discurso político que se base en decirle a un padre o a una madre “tú no sabes bien dónde llevar a tu hijo, yo te lo voy a decir porque yo programo mejor de lo que tú eliges” es un completo retroceso en derechos y es muy poco presentable en los tiempos que vivimos.

P.- Y tal y como está la coyuntura política, en qué condiciones está la enseñanza concertada de reclamar un aumento de la financiación.
R.- Llevamos 30 años pidiendo esa mejora en la financiación. Todo el mundo sabe que es insuficiente. Aunque sabemos que nuestras esperanzas son limitadas, seguimos diciéndolo para que quede claro que hay una falta de igualdad en financiar la enseñanza que es clamorosa. Los datos son muy claros. Ha habido diversas comisiones de estudio sobre el coste del módulo; yo mismo participé en la que organizó Ángel Gabilondo en 2010. Al final, es una cuestión de voluntad política.

P.- En algunas CCAA la financiación es mayor que en otras…
R.- Sí, por ejemplo País Vasco, Navarra, Cataluña… En ese sentido hay falta de equidad entre las CCAA en cuanto a financiación del puesto escolar. Esa diferencia se da tanto en la pública como en la concertada.

P.- Estamos acostumbrados a que desde la política se marque una línea entre pública y concertada. ¿En la realidad escolar, hay cooperación entre centros públicos y concertados?
R.- Depende del carácter de cada equipo directivo y de cada claustro. Hay colegios que están más encerrados en su propio trabajo, porque la enseñanza es una labor muy absorbente, y hay otros que interactúan más con su entorno, con los centros que les son más próximos, físicamente o por otras razones. Yo siempre animo a todos a interactuar con otros centros porque conocer cómo trabajan otros siempre enriquece.

P.- En los últimos años también está quedando patente que muchos colegios van marcando el paso muy por delante de la legislación y del marco institucional; que la educación avanza gracias a la iniciativa de los docentes y los equipos directivos. ¿Cree que eso tiene un límite si la legislación y las instituciones no lo acompañan?
R.- Los poderes públicos deberían hacer más, pero nadie debe ampararse en que hacen poco para no buscarlo por sí mismo. Los centros que quieren abrirse, hacer formación, conocer otras maneras de trabajar lo pueden hacer. Lo que hace falta es no caer en lo fácil que es echar la culpa de todo a los políticos y a los presupuestos. La legislación siempre será imperfecta; los presupuestos siempre serán insuficientes y siempre encontraremos excusas para no mejorar. Pero quien se dedica a la educación tiene que tener un ADN optimista y encontrar la manera de remover los obstáculos y no sentirse justificado para no hacer algo más.

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