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Carlos Medina, director del INTEF: «El analfabetismo de hoy es la falta de competencia digital»

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La Escuela de Pensamiento Computacional e Inteligencia Artificial del INTEF está formando este curso a 1.040 docentes de toda España que extenderán sus enseñanzas a 17.000 alumnos de Primaria, ESO y Bachillerato. Durante el curso pasado, instruyó a otros 700 docentes, que llegaron hasta otros 13.000 alumnos. El objetivo, más allá de la formación, es ir sentando las bases de lo que debe ser una enseñanza escolar en toda regla que alcance a la totalidad del alumnado. El Plan de Acción de Educación Digital de la Comisión Europea establece, entre sus 11 acciones principales, “llevar las clases de programación a todas las escuelas de Europa”. El Instituto de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado (INTEF) del Ministerio está en ello, en colaboración con todas las CCAA. Su director, Carlos Medina, ha hablado con Actualidad Docente para explicar el alcance de la formación y los estudios de impacto que se van realizando.

P.– Dicen los expertos en mercado de trabajo que cualquier profesión va a tener una vertiente digital para la que hay que estar mínimamente preparado, al menos para entenderla.
R.– Así es. El analfabetismo que ayer era no saber leer y escribir es hoy –y será mañana– la falta de competencia digital. Eso está suponiendo un esfuerzo enorme a toda la sociedad porque en el mundo digital hay muchos retos a los que tenemos que enfrentarnos, desde la gestión de tus propios datos hasta las fake news. De ahí que insistamos en la competencia digital y en sus diferentes marcos. Aunque no sepamos cómo vamos a estar dentro de 15 años, ni las profesiones que va a haber, tenemos que asegurar que los alumnos al menos dispongan de unas bases que les permitan desenvolverse. Por un lado tenemos que entender la inteligencia artificial que nos rodea, como la ya tenemos con Siri o Alexa, o en los predictores de texto; por otro, la robotización; y por otro, tenemos que desarrollar la capacidad de ver qué datos estamos compartiendo y discernir qué datos queremos compartir y cuáles no.

P.– ¿Y cree que hay suficiente conciencia de la necesidad básica de alfabetización digital igual que en el siglo XX la había respecto a la lectoescritura?
R.– En el pasado, el analfabetismo te impedía hacer una serie de cosas y ser parte activa de la sociedad. En el presente y en el futuro el analfabetismo digital tendrá las mismas consecuencias. Es verdad que hay muchos retos y que la competencia digital no sólo depende de la escuela, sino también de las familias, de la implicación de los padres con sus hijos y de la concienciación de toda la sociedad sobre el uso adecuado de las tecnologías. Todos tenemos que hacer un gran esfuerzo. Nosotros nos centramos en el ámbito escolar y en la docencia. Para ello, tomamos como referencia los tres marcos de competencia digital publicados por la Comisión Europea: el del ciudadano, el del docente, y el de organizaciones, que en nuestro caso son los centros educativos. Desde el Ministerio trabajamos esos tres marcos con las comunidades autónomas.

P.– ¿Qué se le enseña al profesorado?
R.–
Tenemos cursos de organizaciones digitalmente competentes, al que se apuntan docentes que quieren transformar su centro aprovechando los medios digitales. Tenemos cursos sobre el Aula del Futuro, donde se enseña cómo utilizar los medios a tu alcance, incluida la tecnología, para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Tenemos también la Escuela de Pensamiento Computacional, que empezó el año pasado y a la que este año le hemos dado una vuelta de tuerca incluyendo la inteligencia artificial, y a la que damos diferentes enfoques según sea el profesorado de Primaria, de Secundaria o de Bachillerato.

Si eres de Primaria, no hace falta que te pongas a programar, sino que aprendas a crear y poner en práctica actividades “desenchufadas” para ayudar a tus alumnos a desarrollar sus capacidades de pensamiento computacional, incluyendo el enfoque lógico, el creativo o el analítico, entre otros. En Secundaria, tenemos la posibilidad de hacer la programación de placas con Arduino, que hicimos el año pasado, o la programación con Scratch, que hemos hecho este año. Scratch es un software de programación mediante bloques que enseña al alumnado cómo programar diferentes automatismos. En el caso de Bachillerato, el curso pasado introdujimos la competencia para programar drones, robots, incluso coches autónomos… todo con simuladores. Este año estamos centrados en programar aplicaciones para móvil con App Inventor. Tanto en el caso de Scratch, como en el de App Inventor hemos dado una capa de inteligencia artificial a los proyectos que los docentes han creado para realizar en el aula con sus alumnos. Como ves, adaptamos la formación a las posibilidades del alumnado.

P.– ¿Cómo se desarrolla la lógica para introducir el pensamiento computacional?
R.– Depende de la etapa. Lo más básico es enseñar al alumnado a marcar una serie de procesos que van a ir ocurriendo, pensar en qué orden ocurren, y qué tiene que ocurrir para que ocurra lo siguiente. Cuando son muy pequeños se hace con actividades desconectadas; por ejemplo, trabajando series lógicas.

P.– ¿Se trata de formar para entender la sistematización de procesos?
R.– Sí. Pero no sólo para que el alumno entienda como usuario que recibe, o como consumidor, sino para que sea capaz de crear. No se persigue que sean programadores, pero sí que tengan unas nociones básicas.

P.– ¿Se enseña cómo integrar el Pensamiento Computacional en las diferentes áreas del currículum? ¿O suele ir vinculado siempre a las Matemáticas?
R.–
El año pasado se hizo un informe sobre cómo integrar el pensamiento computacional en el currículum de las diferentes etapas. Por ejemplo, se dice que en Primaria es mejor introducirlo transversalmente, como una competencia más, y que en Secundaria haya una asignatura concreta. La propia UE nos dijo que había sido muy buen trabajo y las CCAA lo están teniendo muy en cuenta.

P.– El profesorado al que vais formando es un público convencido…
R.– Suele ocurrir, pero el reto es llegar a los no convencidos. A veces, el boca a boca es eficaz para llegar ellos. Por otro lado, desde las CCAA se están haciendo esfuerzos muy importantes para alcanzar a todos.

P.– ¿La demanda de formación es alta?
R.– La mayor parte de la formación que hacemos es online y ahí no hay límite, pero también hacemos formación presencial y ahí siempre la demanda excede a las plazas que ofrecemos. Recuerdo una formación reciente en Sevilla en la que había 60 plazas y recibimos 250 solicitudes. Interés hay, y mucho.

P.– Hay quien dice que no tenemos que enseñar a los niños a pensar como máquinas, sino potenciar lo que nos hace más humanos.
R.– No es tanto enseñar a pensar como máquinas, sino aprender los procesos que están detrás de cualquier proceso automatizado con el que se van a encontrar en su vida, como por ejemplo, que la calefacción de su casa se encienda cuando entre en determinadas posiciones GPS cercanas a su casa. Entender lo que hay detrás les va a ayudar a desenvolverse mejor en el futuro y también a trabajar. Vamos viendo lo que van colgando en las redes del trabajo experimental que hacen los alumnos en clase y es sorprendente.

P.– ¿Cómo ha sido esa incorporación de la IA a la Escuela?
R.–
Le hemos dado una vuelta de tuerca mediante la introducción de actividades de programación que acercan al alumnado a la inteligencia artificial, al machine learning y cómo éste aprovecha el big data para ayudarte a tomar decisiones. Hay una estrategia europea de inteligencia artificial que vincula a todos los países y en España están implicados todos los ministerios. Hay mucho que hacer desde todos ellos, también desde Educación, y Europa tiene un reto en ese sentido.

P.– ¿Hay un balance de impacto?
R.– La Escuela de Pensamiento Computacional tiene tres partes: una la formación del profesorado, otra sobre la experimentación en aula y otra sobre evaluación e investigación de lo que ha pasado. Dentro de la formación adaptada a cada una de las etapas educativas, se imparte lo necesario para poder llevar a cabo esa experimentación en el aula, tanto las bases teóricas, como indicaciones de trabajo, y seguidamente se evalúa lo que ha pasado. Recientemente se publicó el informe La Escuela de Pensamiento Computacional y su Impacto en el Aprendizaje sobre la acción llevada a cabo a lo largo del curso 18-19. Ahí puede leerse el balance de trabajo y las conclusiones. Por otro lado, los profesores nos van mostrando lo que van haciendo los alumnos y lo suben a las redes sociales, y la verdad es que es sorprendente.

P.– ¿Cómo ves a la escuela española en comparación con otros países? ¿Llevamos buen ritmo?, ¿o vamos por detrás?
R.–
En iniciativas de integración de tecnologías digitales en educación –bien a través de recursos, bien a través de formación– hay bastantes esfuerzos que se notan. Cuando sales fuera, se ve que estamos en el nivel en cuanto a iniciativas. Y, por ejemplo, en recursos digitales estamos muy bien. En lo que tenemos un gran reto por delante es en usar la tecnología de forma adecuada; es decir, no usarla por usarla, sino cuando realmente aporta y te proporciona una metodología educativa que tú quieres utilizar. Introducir tecnología por el hecho de introducirla no sirve para nada. Si vas a enseñar el mapa del mundo, lo puedes hacer en un póster de la pared. El valor del entorno digital es que si hablas del Everest, profundices en la realidad del Everest con los recursos digitales que tienes a tu disposición, pero la tecnología no aporta nada sí sólo vas a decir dónde está el Everest y a mostrar una foto suya. La tecnología da un mundo más amplio de posibilidades y se trata de aprovecharlas.

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