Carmen Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema

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«Hacen falta espacios de entendimiento y aprendizaje mutuo entre la red pública y la privada»

La pedagoga y directora de la Fundación Trilema cree que “lo más importante de ser maestro es ser tutor» y lamenta que «no hay formación para tutoría en España

(Está entrevista fue publicada por AD en diciembre de 2016.
Por su interés, la retomamos en esta nueva etapa) 

Es pedagoga, teóloga y directora de la Fundación Trilema, que agrupa cuatro colegios concertados. Nos recibe en el centro Sagrada Familia, de Madrid. Carmen Pellicer es una firme defensora de la biodiversidad educativa y promueve la creación de espacios de colaboración entre lo público y lo privado. Cree que será muy difícil alcanzar un pacto educativo sin superar la desconfianza y el desconocimiento mutuo entre las dos redes.

Pellicer es coautora del Libro Blanco sobre la Profesión Docente, presentado en diciembre de 2015 por el Ministerio de Educación. Es una de las bases sobre las que se asienta el debate para un pacto de Estado educativo: la formación exigible y el sistema de acceso a la profesión. Ella se muestra partidaria de hablar de un pacto social por la educación.

“No es un pacto que va a empezar en los despachos. La ley tendrá que recoger el acuerdo de la sociedad. Nunca ha habido tal consenso de que hace falta un cambio muy profundo en la educación. Es verdad que dentro de las aulas se pueden cambiar muchas cosas. Y eso lo demostramos muchas escuelas que estamos haciendo un cambio y que trabajamos con flexibilidad a pesar de una normativa muy obsoleta. Pero también es muy importante un cambio legislativo. Porque hay muchos aspectos que sí dependen de la ley, tanto en una dimensión política como económica”.

 El propio Libro Blanco exige cambios jurídicos: cómo se accede a la profesión docente, el MIR de los profesores, cómo se financian los procesos de formación permanente durante la carrera profesional, cómo se articula la formación de directivos y se forman los nuevos roles tan relevantes como el tutor o el orientador. Para Pellicer, una de las batallas más importantes es la de conseguir la profesionalización de la figura del tutor, que exige una formación específica y que en España no está valorada suficientemente. “Lo más importante de ser maestro es ser tutor. No hay formación para tutoría en España”, advierte.

La educación en España no progresa adecuadamente. Necesita un cambio real

Le preguntamos a Carmen Pellicer qué nota le pondría a la educación en España. Ella se mueve entre la crítica constructiva y el optimismo al ver lo que hemos avanzado en las últimas décadas. Le pone un “necesita progresar” porque, como explica, “cuanto más te involucras en el mundo de la educación, más te exiges, más deseas, y queda mucho por hacer”.

“Pero también soy bastante positiva. Yo viví la LOGSE en un centro experimental en Mallorca. He vivido los cambios legislativos y los avances de estos años. Las tasas de analfabetismo entonces eran totalmente inaceptables. Cuando veo en perspectiva el cambio, soy positiva. En un período de tiempo relativamente corto España ha pasado de tener un sistema educativo subdesarrollado a tener educación plena, ha incrementado 2 años la necesidad de escolarizar a los alumnos… Es un avance histórico increíble”.

“Para seguir creciendo”, concluye, “uno no tiene que olvidar de dónde viene y todo lo que ha logrado”.

Demasiada presión

Carmen Pellicer ve también necesario quitar presión a la escuela, a la que cada vez se exige más. “El día a día en una escuela es cada vez más complicado. Los niños llegan a las escuelas hoy con problemas de socialización y muchas carencias. Ser profesor en un aula, innovadora o no innovadora, es hoy un gran desafío”.

La escuela no puede arreglar todos los problemas de la sociedad. Cada vez se le pide más. No hay recursos para ello. Le toca resolver problemas serios que están fuera de la escuela. Y luego están las exigencias tras los informes PISA… Hay que definir cuál es el papel social de las escuelas, establecer prioridades”.

Carmen Pellicer 2

Pellicer ha viajado mucho últimamente, tanto por los proyectos de cooperación en los que está involucrada como por los rodajes de las películas sobre profesores y sistemas educativos cuya primera entrega fue el documental “Profesores”. Esa perspectiva le hace aumentar las dudas sobre la tendencia en España a quererse parecer a otros países, sean Finlandia o Singapur.

“En China he visto una presión academicista sobre los niños que dará buenos resultados, pero ¿éste es el perfil de ciudadano, de sociedad, en la que nos miramos, donde se vive a toque de tambor? Los sistemas que son puestos como referencia como los coreanos, chinos… me gustaría que alguien contextualizara sus valores y los tipos de ciudadanía y convivencia que llevan asociados”, se pregunta.

El discurso de la innovación debe mucho a las redes sociales

¿Está la escuela española en un proceso de innovación imparable? Carmen Pellicer cree que sí, pero no alcanza a todas las escuelas, lamentablemente se queda en una minoría. Hay una “gran mayoría” de centros adonde no llegan esos cambios, les puede el día a día. Falta de recursos, problemas estructurales que requieren un nuevo marco legislativo y la necesidad de “una verdadera revolución en los medios de formación docente” están detrás de esa imposibilidad de subirse a la ola del cambio. “Echas en falta decisiones  políticas para un cambio sistémico. No basta con la voluntad o el entusiasmo de unos pocos”, afirma.

“En los últimos 5 años ha habido un discurso sobre innovación, se han multiplicado los congresos, los foros, las publicaciones. Ha coincidido con el auge de  las redes sociales, que han dado visibilidad a muchas cosas que ya se hacían. Yo conozco muchas escuelas que llevaban más tiempo en ello, pero entonces no había Twitter”.

Los profesores de la pública y la privada deben conocerse y compartir espacios

Carmen Pellicer dirige hoy un grupo de colegios concertados, pero durante 17 años trabajó en la escuela pública. Ese conocimiento de las dos redes le permite valorar cómo está hoy la relación entre lo público y lo privado. Detecta muchas desconfianzas y ve necesario crear espacios donde ambas partes trabajen juntas y se sienten a conocerse.

La escuela privada y concertada ha tenido la necesidad en los últimos años de reinventarse y eso ha contribuido a que haya avanzado más a la hora de innovar y modernizarse. Pellicer subraya que la manera de financiación no determina el modelo educativo, pero “el hecho de que la escuela concertada o privada haya tenido una necesidad de hacer una reflexión sobre su carácter propio, sus principios, sus valores, yo creo que ayuda porque cohesiona el trabajo del claustro”.

En la publica hay excelentes profesionales, los mejores que yo he visto nunca, pero trabajan con dificultades. No es fácil trabajar con equipos cohesionados, precariedad en los destinos en muchas Comunidades Autónomas… Eso dificulta los modelos de gestión y de dirección. Adolecen de formación, de margen de decisión, por ejemplo sobre cómo configuran sus plantillas; de tomar prioridades. Es una desventaja para un cambio profundo, que una escuela concertada tiene más fácil por su forma de funcionamiento”.

Pellicer cree en lo que llama “la biodiversidad educativa”. “Es una riqueza para un país, un espacio público con diversidad de voces. El gran problema en España es que se confunde lo público con lo estatal. Hay modelos de escuela con gestión estatal directa o social directa, tan públicos y tan legítimos unos como otros”.

Pese a que compartan ese carácter público, la red estatal y la privada-concertada apenas se  miran y se conocen, en su opinión. Pellicer considera urgente abrir espacios donde se produzca esa interacción para que se vean “desde el respeto y el aprendizaje mutuo”. “Mientras no lleguemos a ese punto, va a ser difícil que lleguemos a un pacto”. En ese sentido, los programas de emprendimiento, de Trilema, similares a los abiertos por CECE en Emprentic, “nos han permitido trabajar juntos, en todos los niveles –FP, Infantil, ESO…– y de todas las redes –públicos, concertados, privados, educación no formal– mezclando alumnos y profesores”.

“Profes que trabajan con profes superan muchos prejuicios, muchos estereotipos, y yo creo que necesitamos crear esos espacios de aprendizaje compartido. Aprender a generar esos foros. Eso ayudaría mucho a superar las desconfianzas y esos debates tan ideologizados que ha habido. La educación se ha utilizado como un arma arrojadiza tanto por unos como por otros”, subraya Pellicer. 

Familias cómplices y objetivos compartidos

¿Qué papel juegan las familias en el proceso escolar? Carmen Pellicer advierte del peligro de entender esta colaboración como una cuestión de presencia continua en el colegio.

“Las familias se tienen que involucrar en el proceso educativo. Pero eso no significa necesariamente que se impliquen en la vida de la escuela. La colaboración viene más por unir objetivos que por presencia. Compartir  metas, esfuerzos, una visión. Es muy importante la complicidad entre las familias y la escuela”.

En las cuatro escuelas que dirige la Fundación Trilema, cada cinco semanas organizan un día de celebración del aprendizaje. “Los padres vienen al colegio, pasan por varias aulas, ven la del año que viene, conocen nuestro trabajo. Es muy importante que los padres comprendan cómo aprenden sus hijos, que disfruten viendo cómo es la escuela”, explica Pellicer.

Así, además de las tres entrevistas obligatorias, las dos reuniones de principio  y final de cuso y estas jornadas, los padres visitan el colegio al menos 12 días al año.

 

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