Javier Sirvent: «Para las nuevas generaciones es mucho más importante aprender a hacer equipo que memorizar»

Google+ Pinterest LinkedIn Tumblr +

Javier Sirvent dice no ser experto en nada. Pero sí lo es. Es experto en unir: conectar campos, conocimientos, ideas. Y sabe mucho de la tecnología que vendrá, de la que ya está lista y sólo aguarda a que le abramos la puerta. Es un «technology evangelist», y un «polímata», que «ayuda a otros a montar negocios en función de las cosas que van a pasar». Les dice a las empresas «de qué y cuándo van a morir» y asegura que «las previsiones que ha ido haciendo en los últimos años se han ido cumpliendo». Asegura que «la educación va a cambiar, o va a morir un tipo de educación que conocemos» porque «la nueva realidad que viven y vivirán las nuevas generaciones requiere nuevos sistemas educativos, nuevas formaciones, nuevas habilidades». Escucharlo le pone a uno las pilas. Así que nadie mejor que él para despertar y orientar la transformación educativa en un congreso dedicado a eso mismo: el 47º Congreso Nacional de CECE, que se celebra en A Coruña los días 28, 29 y 30 de noviembre.

P.–¿Qué hace un ‘technology evangelist’ en un congreso de educación?
R.– Yo no soy experto en nada, pero entiendo un poquito de todo, sobre todo de tecnología, y se me da bien unir. Lo que hago en un congreso educativo es dar a los educadores perspectiva de cómo está cambiando el mundo y cuáles son las nuevas necesidades, y hacerles partícipes de que lo que hay no funciona. La cuestión es cambiar para qué y para cuándo. Vamos a hablar de eso.

P.– Estamos acostumbrados a oír que las empresas no encuentran los perfiles profesionales que necesitan. ¿Qué les falta que no lo encuentran?
R.– Todos los trabajos aburridos los puede hacer una máquina. No sé por qué se siguen formando mecánicos cuando dentro de poco los coches no van a tener nada de mecánica. Ni tampoco entiendo por qué no tenemos una FP de Inteligencia Artificial. Y lo mismo puedo decir de los drones, la biogenética sintética. Las empresas que se dedican a eso no encuentran profesionales, así que algo estamos haciendo mal. Y si encima a los pocos que tenemos los tratamos mal y se van fuera, pues el problema se hace más grande todavía.

P.– Los campos profesionales con más futuro y mejor presente son muy desconocidos por la población en general. La mayoría de las familias siguen ancladas en profesiones tradicionales a la hora de asesorar a sus hijos. ¿Cómo salvar esa brecha?
R.– A mí me pregunta mucho la gente: “¿A qué tiene que dedicarse mi hijo?”. Y yo digo que se dedique a lo que le guste, a lo que le apasione. No podemos inculcar una profesión a nuestros hijos. Pero llevamos muchos años de retraso. Los primeros a los que había que haber enseñado bien es a los padres de los niños que están hoy en la escuela, a los que había que haber dicho que el futuro no estaba ni en opositar ni trabajar en un banco. El sistema educativo lleva ya un tiempo con una carencia de información, formación y transformación. Y ahora ha cambiado todo tan rápido que saben más muchos alumnos que los directores de los colegios porque su mente está más abierta. Probablemente tus hijos no vayan a sacarse el carné de conducir porque a lo mejor no van a querer conducir, ni tampoco a comer cosas que nosotros comíamos y que tienen ingredientes malos para la salud, ni van a tener un trabajo de los habituales hoy. Muchos de los chicos y chicas de hoy no quieren ser ricos; quieren ser felices.

Javier Sirvent es un evangelista de la tecnología, experto en unir conocimientos y hacer previsiones de futuro que, según dice, suelen cumplirse.

Javier Sirvent es un evangelista de la tecnología, experto en unir conocimientos y hacer previsiones de futuro que, según dice, suelen cumplirse.

P.– Dice que llevamos muchos años de retraso en educación. Al final, siempre la paga la escuela…
R.– No, no. La culpa la tienen los políticos. Tenemos 17 planes educativos diferentes y se valora más el adoctrinamiento en determinados ideales que algo tan importante como la asignatura de Filosofía. Tenemos un problema con la educación, pero lo bueno es que está todo por hacer.

P.– ¿Por qué es tan importante la Filosofía?
R.– La Filosofía y, en general, las Humanidades. Las máquinas y la inteligencia artificial van a hacer trabajos de humanos, y los tenemos que enseñar, entre otras cosas a comportarse. Y debemos ser conscientes de que los humanos no estamos preparados antropológicamente para cambios tan grandes y tan rápidos. Humanistas, filósofos, especialistas que estudian el comportamiento humano y el proceso natural del aprendizaje son súper importantes para compañías como Google o Facebook, que tienen tecnologías disponibles mucho antes de que el humano esté preparado para admitirla, aceptarla y entenderla. Hace tres años era un escándalo lo de que Siri, Google y Amazon nos escuchan, y ahora estamos conformes con que nos escuchen si, a cambio, nos van a ayudar a llegar a un sitio por la mejor ruta, por ejemplo. En todo eso hay humanistas y filósofos trabajando, viendo cómo las personas admitimos determinados cambios y diseñando cómo va a ser nuestro futuro, incluido el del aprendizaje. Si un niño pregunta a Alexa cuántas son 3+2 y Alexa responde “5”, acabaremos pensando que para qué van a tener que aprender cálculo los niños. Eso sí, los filósofos y humanistas que tendrán trabajo serán los que les guste la tecnología, claro. La tecnología es el medio que hace posible la evolución de cualquier profesional: que aprenda, que se reinvente, que crezca…sea cual sea su campo.

P.– ¿Y qué hay de eso de que, como todo el conocimiento está al alcance de un click, ya no necesitamos memorizar?
R.– Lo que necesitamos es enseñar y aprender para que todos, no sólo los alumnos, sino también los profesionales adultos, sepan formular las preguntas correctas, sepan resolver, crear, inventar, innovar, gestionar la incertidumbre… Cosas tan sencillas como trabajar en equipo son mucho más importantes que memorizar. Dicen que los que están hoy en las aulas cambiarán de trabajo muchas veces. Y hoy mismo se está yendo gente a la calle que lleva 25 años en la misma empresa y que ha hecho toda su vida un trabajo que ya no lo va a volver a hacer en ningún sitio. Si no aprendes a hacer otra cosa, ahí te quedas. Y lo que aprendas con 45 años no va a ser memorizando. Les enseñan a pensar diferente; a buscar información, a hacerse preguntas, a utilizar herramientas.

P.– Pero para saber hacer las preguntas correctas ¿no hay que tener conocimientos?
R.– No. Para eso hay que tener curiosidad.

P.– Qué duro ser joven con tanta incertidumbre, con un pasado reciente y un futuro tan antagónicos…
R.– Ser joven hoy es muy duro. Los jóvenes están muy expuestos y permanentemente valorados. Y estamos haciendo muy poco por ayudarlos.

P.– ¿En el futuro profesional de quienes están hoy en las aulas será muy valiosa la capacidad para conectar conocimiento y conectar personas?
R.– Y hacer equipo, hacer equipo, hacer equipo. Yo siempre recomiendo al que trabaja solo, que trabaje en un coworking; escuchar lo que hace el de al lado y que te escuchen a ti; aportar, que te aporten; nada de quedarse lo que uno sabe para uno solo. La gente que tiene pasión por lo que hace siempre quiere aprender de otros. Y es la pasión lo que diferencia a unos profesionales de otros. Eso en seguida lo ven los que ponen dinero para financiar startups, o los que contratan.

P.– Pero saber hacer equipo no se aprende de la noche a la mañana. Con suerte lo aprendemos de adultos a la fuerza en el trabajo, y según qué trabajo…
R.– En un departamento de Recursos Humanos de cualquier compañía, o de cualquier colegio, debería esforzarse en tres principios muy humanos: metodología, tecnología –que es enseñar a utilizar herramientas– y formación. Y las tres cosas, para hacer equipo. Hay gente a la que le das una cuchara, le dices “cava un túnel” y se pone a cavar un túnel con la cuchara. Tienes que enseñarle que hay otras herramientas mejores y que tiene que buscarlas; incluso que la mejor forma de averiguar cómo se cava el túnel más rápido es preguntando al de al lado “¿qué se te ocurre a ti?” y decir “vamos a hacer una cosa que se llama design thinking, vamos a pensar, a plantear ideas en post-it y a desarrollarlas entre todos, a ver si todos nos ponemos de acuerdo en una de ellas”.

P.– ¿No cree que la tecnología nos está volviendo un poco inútiles?
R.– No. Si la tecnología te permite evitar un atasco, el tiempo que has dejado de perder por ello puedes dedicarlo a otras cosas. Lo que pasa es que con la tecnología no se trata de aprender a correr, sino de aprender a bailar.

P.– ¿Y qué hacemos con esa tendencia a creer que todo lo que está en internet es real? Qué fácil es manipularnos…
R.– Ahí es donde tiene que dar la talla la educación e inculcar: “No te fíes sólo de esto, contrasta, habla con alguien que sepa”. La educación no es te doy una herramienta y apáñate; tendré que enseñarte qué peligros tiene y cómo evitarlos.

Comparte.