Toni García, Mejor Maestro de 2018: «La escuela debe permitir muchas posibilidades de éxito, no sólo una»

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El ideal del Mejor Docente de Primaria de España 2018 es que alumnos y profesores acudan cada día al centro con ilusión, y que la escuela trabaje para dar posibilidades de éxito a todos los alumnos de acuerdo a sus talentos y habilidades. Tras 23 años en el aula, Toni García cree que ese ideal se ha hecho realidad en su centro, el CEIP Joaquín Carrión Valverde de San Javier (Murcia), que dirige desde hace dos años.

Toni García es uno de los invitados a participar este sábado a la jornada Grandes Profes, que organiza cada año la Fundación Atresmedia y que este año estará centrada en la ilusión como elemento fundamental del aprendizaje.

Su currículum es tan extenso que no es de extrañar que la Fundación Abanca, la que está detrás de los Premios EDUCA al Mejor Docente de España, le haya reconocido su labor el pasado 2019:

Es autor de varios libros –Manual para superar la adolescencia (2013), Educación emocional para todos (2016), Hacia una nueva educación (2017), 118 recursos TIC básicos y gratuitos para docentes (2017)– y de una treintena de artículos. A lo largo de su carrera, Toni García ha dirigido diversos proyectos de innovación educativa de gran éxito y ha colaborado en diversas investigaciones como Inteligencia Artificial y Desarrollo Humano de la Cátedra Microsoft de la Universidad de Valencia y La educación en España: horizonte 2020, de la FAD y la Fundación BBVA. Además, colabora en el Taller de Educación de La aventura del saber, en La2 de TVE, y es fundador y presidente de la ONG Globaula.

También es articulista del Diario La Opinión de Murcia, de Periodista Digital y de la revista neoyorquina Viceversa Magazine, y es autor de varios poemarios y de la novela Mentiras para no estar solo (Apeirón).

P.– La motivación por aprender de los alumnos es uno de los grandes desafíos de la enseñanza y la principal preocupación de los docentes, que también critican las pretensiones de que haya que estar permanentemente ideando formas y estrategias para captar la atención de los alumnos. La enseñanza no es un espectáculo ni los docentes son animadores. ¿Es posible la motivación sin espectáculo?
R.– Es importante que el profesor tenga ilusión y sienta la emoción de enseñar, y que diseñe unas estrategias para el aula, pero creo que se nos está yendo un poco la mano y estamos priorizando que el niño se entretenga por encima de que aprenda, y eso tampoco es. No podemos convertir las escuelas en un parque de bolas. La escuela es un lugar donde hay educación y cultura. Lo que ocurre es que hemos pasado de una época en la que los estudios tenían una funcionalidad para tener una vida más digna o un trabajo mejor remunerado, y hoy esa idea ya no funciona: la escuela ha perdido su valor porque los medios de comunicación muestran cómo dar pelotazos sin haber dado un palo al agua. Primero debemos luchar contra la falta de motivación de seguir estudiando, pero no puede ser que seamos nosotros los únicos que estemos preocupados todo el tiempo de darles motivación. Hay una motivación extrínseca, que debemos aportar los docentes, pero debe haber una motivación intrínseca del alumno, que viene de casa. Ahí están las expectativas que los padres tienen sobre sus hijos.

P.– ¿Cuál es tu estrategia para motivar a tus alumnos de 5º y 6º?
R.– A mí lo que sí me funciona es la pasión y la ilusión que le pongo a todo lo que hago, y acabo contagiando a todos de que estamos haciendo algo maravilloso. Es algo que debemos incorporar a nuestra labor.

P.– ¿Y qué haces con esos chavales que no traen la motivación de casa?
R.– He trabajado en lugares muy difíciles con alumnado muy difícil, y ahí no he seguido el currículum. Si un alumno no tiene motivación o no tiene una situación familiar estable como para poder enfocarse hacia el estudio, la cultura escolar cambia totalmente. Intento partir de sus intereses y me suele funcionar. Recuerdo un alumno que no tenía ningún interés por la escuela, pero sentía pasión por el tractor de su padre, y enfoqué todas las áreas de Matemáticas, Lengua, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales a través de los tractores. La educación es muy determinista y burocrática, y el currículum hay que llevarlo a la realidad del alumno.

P.– ¿La concesión del premio al Mejor Docente de Primaria ha cambiado en algo tu trabajo?
R.– Me ha mejorado la proyección. Y eso me permite llevar mi filosofía de la educación a muchas personas, y conocer a muchos centros además del mío. Mucha gente me pregunta cosas por redes sociales, incluso de Latinoamérica… También me llaman para ponencias y conferencias… Me siento muy halagado y querido.

P.– ¿Mantienes tus horas de clases y tu labor directiva?
R.– Sí. Las ponencias a las que me invitan suelen ser los fines de semana. Y, además, creo que para hablar de educación, hay que estar en el aula y en el centro, y estar en contacto con los niños. La realidad educativa cambia radicalmente en un año o dos y, si no estás, se nota. A mí me gusta dar charlas, pero también me gusta estar en mi centro.

P.– ¿Y cuál es esa la filosofía que te gusta compartir con los demás?
R.– Parte de mi experiencia. Yo era un alumno con fracaso escolar. Suspendía muchas asignaturas. Pero siempre tuve la sensación de que no era un problema mío sólo. Me parecía que las habilidades que yo tenía no encajaban en esa escuela. Mi filosofía es que hay que adaptar la escuela a las características, necesidades y habilidades de cada niño. Hay niños que tienen una habilidad maravillosa dibujando, pero como en las áreas instrumentales suspenden, no se les valora lo suficiente su capacidad artística. Eso hace que la escuela permita sólo una posibilidad de éxito. La escuela debe permitir muchas posibilidades de éxito porque cada niño tiene unas cualidades determinadas que tiene que desarrollar. Nosotros tenemos que ofrecerles multitud de oportunidades y de experiencias, para que todos tengan la posibilidad de tener un éxito en algo. Todos tienen cualidades para tener éxito. La escuela debe ser un centro de aprendizaje vital, donde el profesor escuche mucho a los alumnos. No son personas que están ahí sentadas para que les traslademos unos conocimientos. Se pueden seguir dando las materias, pero de una manera un poco más vivenciada y en la que todos puedan participar con posibilidades de tener éxito.

P.– No debe de ser fácil conseguir eso de todo el claustro.
R.– Es verdad que es complicado, pero en nuestro colegio hemos logrado imprimir un buen ritmo. Estamos metidos en 15 proyectos: por ejemplo, uno con alumnos de Gaza y Cisjordania; otro de Aulas Hospitalarias; nos hemos metido en Erasmus… Al final, al colegio se le conoce y el profesorado que viene es el que comparte esta visión de la educación y tiene ganas de trabajar en ese sentido. Una de las mejores cosas que me han dicho me vino de un maestro, que me dijo: “Gracias a este colegio, he recuperado la ilusión por ser maestro”. Eso es lo que hace falta: que los maestros tengan ilusión todas las mañanas y que todos los niños entren con alegría y ganas de aprender y de participar. Eso es un centro feliz. Y yo estoy muy contento con mi centro en ese sentido.

P.– ¿Qué haya materias impartidas en inglés es un obstáculo para hacer proyectos interdisciplinares?
R.– Es complicado. El bilingüismo está mal planteado desde la base. Para mejorar el dominio del idioma, está bien que en el centro se hable ese idioma y se incida en la metodología con la que se enseña, pero que no se enseñe a través de otras asignaturas, y menos asignaturas con un lenguaje tan técnico como Ciencias Sociales. Los alumnos están perdiendo vocabulario español de Ciencias Sociales y tampoco mejoran su nivel de comunicación en inglés.

P.– En la jornada Grandes Profes también vas a hablar del fomento de la lectura. ¿Cómo trabajas con tus alumnos la afición por la lectura con tantos estímulos como tienen en las pantallas que los rodean?, ¿cómo les motivas?
R.– Recuerdo un artículo que escribí hace unos años para un periódico y en el que decía que “lo importante no es que un niño empiece a leer con 4 años, sino que siga leyendo con 40”, que es lo complicado. Yo veo que el nivel de lectura de los alumnos de Primaria es bastante aceptable, pero según van pasando a Secundaria y a Bachillerato, la tendencia va descendiendo, y es cierto que hay mucha competencia con otros estímulos. Creo que la lectura es un aprendizaje básico e instrumental fundamental, pero que la estamos enfocando en Primaria sólo como eso y le estamos quitando el componente de ocio que tiene. Para empezar, es importantísimo que el maestro dé ejemplo y cuando hacemos actividades de lectura, el alumno vea que el maestro también lee y que disfruta leyendo. Porque a veces mandamos leer para poder hacer nosotros otras cosas. Y también veo muy importante que la lectura no se haga sólo en el aula como paso previo a los ejercicios de comprensión lectora, que muchas veces resultan farragosos y le restan a la lectura el componente de ocio que tiene. Yo elimino muchos de esos ejercicios de comprensión lectora de la actividad de lectura propiamente dicha, y los hago en otros momentos, para que la lectura sea lectura en sí misma y se disfrute más. También es recomendable hacer lecturas en el patio, lecturas al sol, lecturas en el parque… para que los niños vean que pueden incorporar la lectura a su vida, y no sólo como algo escolar o académico.

P.– Y a los padres ¿qué les recomiendas?
R.– Primero, cuando son pequeños, que lean con ellos todos los días. Se desarrolla un vínculo emocional importante que, luego, cuando el niño va creciendo y recuerda momentos con sus padres, la lectura está ahí. Pero también se desarrolla la creatividad, la inteligencia, la memoria y una cantidad de habilidades fundamentales para el aprendizaje. Y luego, cuando son mayores, que los hijos vean a los padres leer. Yo descubrí el placer por la lectura bastante tarde, con 17 años. Hasta entonces los libros que me habían dado en la escuela me habían parecido siempre muy aburridos. Recuerdo que estaba aburrido en casa y cogí un libro de la biblioteca de mis padres, que era Crónica de una Muerte Anunciada, empecé a leerlo y me enganchó. Si me dio por buscar un libro en un momento de aburrimiento fue, sin duda, porque mis padres estaban leyendo en ese momento y los veía a menudo leer en casa. El ejemplo que les damos es fundamental. Los niños aprenden muchos hábitos por imitación.

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