‘La emoción de aprender’, de César Bona

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Cesar Bona reúne una veintena de historias personales que lo llevan a reflexionar sobre las líneas maestras de la educación, en la escuela y fuera de ella

La emoción de aprender es una terapia contra la vida rápida. No porque se lea lento –al contrario, sus páginas vuelan–. Sino porque hace pensar, pararse a pensar. Pensar en lo que vemos y no miramos, en lo que prejuzgamos, acomodados en creencias instauradas. Y, con todo eso, es un libro sobre el sentido de la escuela, más necesaria que nunca como escuela de vida.

Editado por Plaza&Janés, ‘La emoción de aprender’ tiene 236 páginas que, bien pueden leerse de una sentada, bien a pequeños sorbos.

César Bona nos muestra, con una escritura cercana y vivencial, una veintena de personas “como tú y como yo”, pero diferentes en tanto que una peculiaridad de sus vidas los ha marcado desde niños: en la escuela, en las expectativas que sobre ellos había y en el esfuerzo personal llevado a cabo para superarlas. A muchos los ha conocido en sus viajes, esos viajes que le trajo su candidatura al Global Teacher Prize de 2015.

El autor nos sabe poner en la piel de niños que han tenido una vida realmente difícil siempre con un contrapunto de alivio y esperanza. Pero pone el acento en la necesidad de mejorar la escuela para mantener esa esperanza que subyace de cada historia: mejorarla en su atención a la diferencia. “Nunca puede haber calidad educativa si sólo es para algunos y otros se la pierden”, señala en el epílogo.

César Bona nos mete en el inframundo de la Cañada Real de Madrid y nos muestra la luz de un par de jóvenes excepcionales ejemplos de resiliencia. Habla con Josemi, que vuela en su silla de ruedas por la cancha de fútbol del colegio; y con madres de niños disléxicos; y sobre igualdad y feminismo con Gloria Poyatos, presidenta de la Asociación Española de Mujeres Juezas. Y más… Historias tiernas. Algunas impactantes. Todas para reflexionar.

“Los docentes –que son “real influencers”– necesitamos más formación, o de otro tipo al menos: sobre educación inclusiva dirigida a atender la diversidad, de personas con distintas capacidades, de niños en contextos de vulnerabilidad, sobre igualdad de género… así como que nos doten de herramientas para fomentar el trabajo colaborativo que elimine barreras, y no el competitivo, que las levanta”, afirma el maestro César, que llama a que ningún docente –ni ninguna familia– olvide que “todos los niños, niñas y adolescentes tienen la necesidad de sentirse queridos, el anhelo de sentirse escuchados y el deseo de sentirse útiles”.

Acabamos de citar a la familia. La emoción de aprender no es ‘un libro para maestros’ por el hecho de centrarse en la educación. Todas y cada una de las historias que nos trae Bona –y él mismo incide en ello– ponen de manifiesto el determinante papel de la familia en el rumbo que llevará cada niño, así como la responsabilidad social de todos y cada uno de nosotros cuando estamos ante un niño o una niña.

Es un libro que gustará a madres y padres, a menudo confundidos sobre lo que se espera de ellos, sobre las prioridades de sus enseñanzas y las limitaciones de sus expectativas. “Cuando aparezca la exigencia, que sea siempre en cuanto a actitud; nunca en capacidades porque cada niño tiene las suyas propias”, señala el profesor.

Al final, César Bona nos deja esta frase que cobra pleno sentido tras leer esa veintena de pequeñas grandes historias: “La tarea tan maravillosa de educar cobra sentido si logra conectar con la emoción de aprender”.

El maestro más conocido de España, lo tiene claro:

“Al igual que veo paredes de colegios con grandes carteles anunciándose como ‘centro bilingüe’ querría ver también otro rótulo en letras enormes en el que pusiera: ‘Aquí educamos en el respeto a las diferencias’. Ahí llevaría a mi hijo de cabeza”.

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