Especial y ordinaria, juntas y a la vez. Es posible

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El Centro de Educación Especial Cambrils y el Colegio Arenales Carabanchel, ambos de la Fundación Arenales, comparten recreos y actividades en las aulas a diario en lo que parece la simbiosis perfecta entre educación especial y ordinaria inclusiva.
«¿Por qué las Administraciones no favorecen más proyectos así? ¿Por qué no apuestan por nada nuevo en Especial? ¿Es mejor enfrentarnos?», pregunta el director de Cambrils
Los alumnos de Arenales Carabanchel «son unos privilegiados», según su director, por compartir muchos momentos con los de Cambrils, «pero ellos, aunque estén con nosotros en muchas actividades, tienen la atención personalizada y especializada que necesitan en su aulas»

María invitó a Pablo a su noveno cumpleaños. María cursa 3º de Primaria en el Colegio Arenales Carabanchel de Madrid. Pablo tiene 10 años y Síndrome de Down, y está escolarizado en el centro de Educación Especial Cambrils, especializado en niños con Síndrome de Down y discapacidad intelectual.

María y Pablo han hecho amistad jugando en el recreo, en el mismo patio. Eso es posible porque Arenales Carabanchel y Cambrils están unidos, pared con pared, y bajo el mismo paraguas de la Fundación Arenales. Y los patios de ambos centros están abiertos, al igual que los pasillos que van de un edificio a otro.

Arenales y Cambrils representan un modelo idílico de educación especial e inclusiva a la vez. Arenales es un centro de escolarización ordinaria, pero también es «extraordinario» porque comparte su cotidianeidad y muchos proyectos extracurriculares con un centro de educación especial.

Cambrils y Arenales tienen programas conjuntos. En Infantil, «Canales» porque se trata de facilitar que unos niños y otros fluyan y se mezclen y jueguen juntos. En Primaria, “Haciendo amigos”, con los patios abiertos y actividades conjuntas: los de un curso de Primaria pueden ir a Cambrils a hacer alguna actividad planeada con sus alumnos, y viceversa; por ejemplo, de lectoescritura, o de educación artística. En ESO y Bachillerato, donde la diferencia curricular es más grande, el proyecto Compartime se centra en la convivencia a través del deporte (por ejemplo, echan partidos juntos, combinándose entre todos).

El director de Cambrils, Nacho Martín, nos recibe en su despacho y nos muestra el colegio en pleno recreo postcomedor. Habla a velocidad de vértigo y nos resume los tres principios de la educación en el colegio son: «Primero, felicidad, porque un cerebro feliz es un cerebro que aprende. Segundo, autonomía y hábitos sociales: lo que más desean las familias es que  sus hijos puedan desenvolverse solos en el el futuro. Tercero, lo curricular: si además lo anterior, sumamos y multiplicamos, genial».

Miguel y José María irrumpen en el despacho del director, previa llamada a la puerta: “Que si nos dejas la llave para ir a las mesas de ping-pong”. Las mesas de ping pong están en el patio de mayores de Arenales. Miguel y José María tienen 14 y 16 años. Tienen una discapacidad intelectual que, a simple vista, no se percibe. Llegaron a Cambrils de sus respectivos centros ordinarios “con la autoestima muy machacada”. “Allí estaban marginados por sus compañeros. Aquí han crecido en seguridad y autoestima”. Y eso ha tenido sus efectos positivos en sus avances curriculares, y en su autonomía, y en su sociabilidad…

Paseamos por los patios de Arenales y Cambrils, en pleno recreo. Al visitante extraño no le parece que haya dos colegios, sino uno solo. En el patio de Primaria de Arenales hay niños con síndrome de Down jugando con sus iguales, pero también con sus diferentes. En el patio de Cambrils hay niños de Arenales jugando con niños con síndrome de Down. Todos los niños van de un patio a otro con total libertad. Una libertad que para ellos es natural. Para el visitante la visión es extraordinaria.

Pasamos al patio de los mayores. En una mesa de ping-pong están jugando alumnos y alumnas de ESO de Arenales; en la de al lado, Miguel y José María. Los similares se juntan entre ellos, pero no se sienten extraños a ojos de los otros. «Llevamos cuatro años juntos. Aquí nadie mira raro a nadie», apunta Nacho Martín.

Los mayores no se mezclan tanto en el patio como los de Infantil y primeros cursos de Primaria. La brecha de intereses, de experiencias, de lenguaje, va aumentando con la edad. Pero en Cambrils y en Arenales esa brecha no les hace a unos sentirse incómodos junto a los otros.

Preguntamos a José Luis Marrero, el director de Arenales Carabanchel, cómo ven los alumnos y alumnas de Secundaria a sus vecinos de Cambrils: «Todos nos vemos distintos, pero el roce diario hace que no confundan la diferencia con la rareza. Al contrario, la diferencia está desencadenando afectos positivos. Los chicos de Cambrils dan muchas lecciones en lo emocional y mis alumnos de Arenales tienen la suerte de estar aprovechándolo. Son unos privilegiados. Cada alumno de mi colegio que va a trabajar con ellos en cualquier actividad no va a ayudar; en realidad es ayudado».

«Estos chicos y chicas serán padres y madres algún día, y verán la discapacidad de otra manera», confía Nacho Martín.

Poco a poco, sin prisa, sin imposiciones

“Aquí ocurren cosas muy bonitas», cuenta el director de Cambrils, orgulloso. «Hemos conseguido que la inclusión sea natural; no impuesta”. “Poco a poco, hemos ido aprendiendo todos de todos y hemos ido haciendo cada vez más cosas juntos. Hemos ido dando formación a los profesores y a las familias de Arenales. Y nosotros nos fijamos en los profes de ordinaria para ver qué podemos aprovechar y acoplarlo a nuestro centro. Hemos conseguido que la integración sea sistémica en cuatro años”.

El director de Arenales Carabanchel señala que «la clave del éxito ha sido ir poquito a poco, no correr». «De esta manera», cuenta, «no hemos corrido el riesgo de equivocarnos en cosas grandes». «Hemos ido dando pequeños pasos tras escuchar diferentes puntos de vista; si veíamos que no cuajaba, retrocedíamos sin grandes consecuencias». Las actividades conjuntas, la apertura de espacios, las visitas de unos a otros en el aula, los proyectos juntos, los recreos, los deportes, las celebraciones… «Todo ha ido surgiendo de manera natural, sin duda, gracias a la plantilla extraordinaria de los dos colegios, donde todos han estado dispuestos a compartir, enseñar, aprender…», señala Marrero.

Por otro lado, ha habido que prestar especial atención a las familias de ambos colegios, «hacer mucha pedagogía», sobre todo con las de Arenales, «y dar mucha información». Por ejemplo, siempre se traslada con antelación a los hogares cualquier actividad conjunta que vayan a hacer unos con otros. «Sin la confianza de las familias, no habría sido posible conseguir lo que hemos conseguido en apenas cuatro años», subraya.

«Hoy Cambrils es un centro de educación especial con un alto grado de asociación con un centro ordinario y Arenales Carabanchel es un colegio comprometido con la inclusión y la diversidad, que trabaja por ellas en la vida real y en el día a día», concluye Marrero.

“Me pregunto por qué las administraciones no hacen o apoyan más proyectos así: centros diferentes que estén juntos y trabajen juntos. Y me pregunto por qué nadie piensa en hacer proyectos nuevos en educación especial», critica el director de Cambrils, que se reconoce “cansado” de llevar tantos meses “enfadado”, debido a las intenciones políticas de cerrar los centros de educación especial, y a «la imagen que se está transmitiendo de que somos centros de pañales y babas y un atraso para la sociedad». «Somos centros educativos», subraya «y en nuestras aulas no hay niños que no deban estar». «Si vemos que un chaval puede ir a la ordinaria, trabajamos duro para que pueda ir», se queja.

El futuro de la Educación Especial

Nacho Martín es uno de los defensores de los centros de Educación Especial más activos de las redes sociales desde que, en febrero, el Ministerio de Educación aprobó su proyecto de ley estableciendo que en 10 años habría que dotar a los centros educativos ordinarios de los recursos necesarios para atender en buenas condiciones a los niños con discapacidades. Directores como Martín y, sobre todo, las familias de Educación Especial han conseguido reunir casi 300.000 firmas en una petición realizada por el sindicato FEUSO en change.org.

«Lo que duele especialmente es la generalización, que digan que todos estos niños iguales y que necesitan todos lo mismo. Y la incertidumbre que han generado en las familias, que no tendrían que estar preocupándose de qué partido va a gobernar y cómo le va a afectar a su hijo. La Administración no puede decidir dónde va tu hijo porque no sabe lo que necesita, no es igual a otros. No se puede forzar la realidad. Y no se puede mentir».

Estos días, las familias de los alumnos de los 471 colegios de educación especial que hay en España (280 privados o concertados) están con el alma en vilo, a la espera de lo que digan las urnas en cada comunidad autónoma y de los futuros pactos y alianzas en el Gobierno central. Sólo PP y Ciudadanos se han mostrado claramente a favor del papel que desempeñan los centros de educación especial y de que son las familias las que tienen que decidir dónde escolarizar a sus hijos con discapacidades. El PSOE, aunque defiende la labor de estos centros, se muestra a favor de que, cada vez, haya más niños con necesidades especiales en la escuela ordinaria para que ésta sea inclusiva.

«La escuela ordinaria, tal y como es hoy, no es inclusiva; es excluyente; va poniendo hitos que hay que superar y no puede evitar que niños con necesidades especiales se queden atrás y acaben quedándose solos en el patio», lamenta Martín, que lanza una pregunta demoledora: «¿Tenemos que meterlos en ordinaria para que presuman los políticos de educación inclusiva y que luego salgan por la puerta de atrás a centros privados, los que puedan permitírselo?»

«No se puede utilizar a estos niños para educar a otros. Puedes buscar otros medios de cambiar la sociedad, no obligando a un niño con Down a ir a un aula ordinaria», incide el director de Cambrils.

En cualquier caso, observa Martín, «la escuela está a años luz de la inclusión real, no sólo respecto a la discapacidad». «No se trata sólo de dar más recursos para personal especializado; se trata de más itinerarios, un descenso de la ratio, centrar la escuela en el niño, como hacemos en Cambrils». «Hasta dónde llegue un niño con discapacidad no depende de la discapacidad, sino del niño. Y cada uno va a su ritmo. Aunque nosotros estamos ahí, pinchando día a día, para que mejore, no sabemos si lo va a hacer ni en qué momento». Nada que ver con la evolución progresiva de los alumnos, por edad, en la que se basa la escuela ordinaria.

«No podemos forzar la realidad, no se puede transformar a base de imponer». En Cambrils y Arenales lo saben. Poco a poco, sin imponer. «Que vengan y lo vean. Nosotros podemos ayudar mucho», culmina el director del Cambrils.

 

 

 

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