San Antonio: Matrícula de Honor

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En San Antonio no hay laboratorio, ni aula de Música, ni tablets, ni un proyector por clase, pero es uno de los mejores colegios de Madrid

Un 98% de los alumnos son inmigrantes: filipinos, rumanos, dominicanos…

 (Este reportaje se publicó en Actualidad Docente en diciembre de 2016.
Por su interés, lo recuperamos en la nueva edición.)

En el número 150 de la calle Bravo Murillo, en el barrio de Tetuán, se obra el milagro de los panes y los peces. Por algo la titularidad es franciscana, de la orden de los Capuchinos. En San Antonio entra un niño hablando tagalo y sale graduado con las mejores notas de Madrid.

En la prueba de Conocimientos y Destrezas Indispensables (CDI) que se somete a todos los alumnos de 6º de Primaria de Madrid, San Antonio desmonta todos los prejuicios. En 2012, obtuvo una nota media de 8,23, cuando la media de la Comunidad de Madrid fue de 6,80. Quedó en el puesto 42 de 1.264 colegios, por encima de los más prestigiosos centros tanto de la red pública como de la privada.

La prueba CDI mide el nivel de Lengua, Matemáticas y cultura general de los chavales de 6º. En la evaluación de 2014, los chavales de San Antonio quedaron en segunda posición en la ciudad de Madrid y rompieron su récord con una nota media de 9,09, frente al 6,99 de toda la Comunidad de Madrid.

De escolanía a colegio

San Antonio fue fundado en 1948 como colegio-escolanía, bajo la titularidad de los Capuchinos y en una zona especialmente deprimida en la postguerra. Funcionó como escuela unitaria hasta 1970, cuando se constituyó como centro de EGB y Preescolar. Con la reforma de la LOGSE, en los años 90 pasó a impartir Infantil y Primaria, con una sola clase por curso.

Es un colegio pequeño, con 185 alumnos, pero muy diverso. Conviven 18 nacionalidades y sólo hay tres alumnos de origen español. Todos los demás, hasta un 98,30%, son dominicanos, filipinos, ecuatorianos, marroquíes, bangladeshíes, rumanos, chinos, cameruneses…  Hay budistas, musulmanes, católicos, todos bajo el mismo techo y sin problemas de convivencia.

Luis Peña, director del San Antonio, rodeado de alumnos. (Alberto di Lolli)

Luis Peña, director del San Antonio, rodeado de alumnos. (Alberto di Lolli)

En sus orígenes, fueron clave las donaciones de la condesa de Gavia, primera benefactora de San Antonio. Hoy el testigo lo han tomado organizaciones como Ayuda en Acción y el Club Rotario, así como la Junta Municipal de Tetuán, consciente de la labor docente y social del centro.

La ayuda externa permite que los alumnos de San Antonio pasen por ejemplo una revisión ocular y buco-dental gratuita y que 40 de los chavales hayan recibido algún tratamiento dental sin coste alguno. El comedor es gratuito, gracias a las becas y a las ayudas de los benefactores, y el coro también está patrocinado por Ayuda en Acción.

“Tenemos la convicción de que la música, y en concreto la coral, suscita valores de esfuerzo, de solidaridad, de compromiso, valores humanos muy profundos que están en el niño pero que hay que desarrollar”, explica Luis Peña, director del centro desde 2002. Ensayan dos días a la semana, después de la hora de comedor.

Los libros son también gratuitos, y en ocasiones también el uniforme. La Institución Teresiana aporta también su grano de arena: ofrecen clases extraescolares de refuerzo, a la que asisten la mayor parte de los alumnos entre las 17 y las 18 horas, y son gratuitas para las familias. La Asociación Cooperación Social, por su parte, se ocupa de unos 40 chavales todos los sábados, a los que lleva a hacer actividades lúdicas a otros centros.

La clave del éxito

“La clave es la atención personalizada”, explica Luis Peña. “Aquí no se nos escapa ningún chaval”. Se diseña un plan de acogida para cada niño nuevo que entra, se le hace una evaluación inicial para ver a qué curso se le matricula (a veces vienen con un nivel que obliga a bajarlos de curso) y se le asigna un compañero que lo introduce en el grupo. “Hay una buena acogida, un respeto. Todo es muy franciscano, muy cordial, aquí se sienten como en su casa”, dice el director.

El colegio cuenta con aulas de compensación, orientador, pedagogía terapéutica y trabajadora social. Pero lo principal es la apuesta por la relación entre profesor y alumno: “Es una educación muy personalizada e individualizada, donde la inteligencia emocional juega un papel muy fuerte”.

Se introducen las nuevas tecnologías de forma moderada, tanto por falta de presupuesto como por motivos pedagógicos: “No se puede olvidar la mano del profesor. Los sistemas son un andamiaje. Lo que saca adelante la educación es el profesor que se dedica íntegramente a sus alumnos”. Y aquí el profesorado está muy motivado. “Lo que podemos ofrecer son buenos resultados, no puedo ofrecer instalaciones, actividades extraescolares, hípica…”.

En el colegio San Antonio un 98% de los alumnos son de padres inmigrantes. (Alberto di Lolli)

En el colegio San Antonio un 98% de los alumnos son de padres inmigrantes. (Alberto di Lolli)

Anteriormente, cuando los niños llegaban sin hablar nada de español, el sistema obligaba a escolarizarlos en aulas de enlace, pero éstas han desaparecido en Madrid y el colegio debe asumir esa tarea, algo que era muy habitual con los niños filipinos que sólo hablaban tagalo. “Si son pequeños, no tardan en coger lo mínimo –asegura Luis Peña-, incluso aprenden como para hacer de intérpretes con los padres”.

El problema está fuera

La convivencia dentro de la escuela es modélica, el problema empieza de puertas afuera. Los niños proceden de familias con graves carencias materiales y culturales. El choque cultural es fuerte, reconoce el director, por lo que es una tarea tan relevante como difícil introducir en los chavales los valores fundamentales.

Las jornadas de interculturalidad que organizan cada año acostumbran a las familias a compartir espacios y vivencias con todas las nacionalidades, pero cuando vuelven a sus casas la separación sigue vigente.

Apenas hay absentismo escolar, gracias al trabajo conjunto de profesores, orientadores y trabajadora social, así como de los agentes tutores, y han conseguido moderar el impacto sobre los niños de las bandas latinas que actuaban por el barrio.

Lamentablemente son niños de padres que no piensan prolongar su escolarización hacia la educación superior, pese a sus buenas notas. Normalmente cursan la Secundaria en el centro Padre Piquer, conocido por su pedagogía innovadora, así como en el Divina Pastora.

“Si salen adelante las familias es porque funciona la solidaridad”, explica Laura, la trabajadora social del centro. Esa solidaridad ha permitido, por ejemplo, los niños que comían gratis en el comedor hayan pasado de 40 a 120.

Los resultados del San Antonio en las pruebas de la Comunidad de Madrid están entre los mejores. (Alberto di Lolli)

Los resultados del San Antonio en las pruebas de la Comunidad de Madrid están entre los mejores. (Alberto di Lolli)

En San Antonio se viven situaciones muy complicadas, asociadas a la cárcel, al maltrato en el hogar. Eso hace aún más importante la tarea formativa del centro, que debe ser “un referente educativo serio”, subraya Laura, que este año, entre otras cosas, ha ofrecido talleres de habilidades sociales a los padres desempleados de larga duración.

Una decena de padres ha recibido sesiones de “coaching” para mejorar su marca personal, aumentar su autoestima, “saber venderse” para encontrar un trabajo. Son hombres que han perdido la autoestima, que sienten que son inútiles en la familia, “cuya dignidad ha sufrido un mazazo brutal”. San Antonio también es escuela de padres.

El esfuerzo y la satisfacción del profesorado

Sagrario, con 39 años de docencia a sus espaldas, recuerda cuando el colegio se comenzó a despoblar. Los españoles se marchaban a colegios grandes y San Antonio languidecía. La llegada de los inmigrantes, lejos de suponer un problema, salvó al colegio del cierre. “Es una gran familia, lo conocemos todo de todos los niños”, dice esta tutora de 6º y profesora de Lengua y Conocimiento del Medio. Sobre las pruebas de CDI, les quita importancia. “Lo más satisfactorio es el trabajo diario”. Como el de esa niña dominicana que, de suspender el año pasado, ahora saca sobresalientes.

“Coges un crío o una cría con un desfase de dos o tres años, lo pones en condiciones y le dices: ‘Venga, ponte a andar’. Porque le hemos enseñado a caminar”, dice Sagrario. Ésa es la mayor satisfacción.

Cristina, tutora de 5º y profesora de Lengua, es una de las profesoras más jóvenes. Pensó cuando entró el primer día que se iba a encontrar con un colegio conflictivo. Nada más lejos de la realidad. Es difícil, pero no tanto. La labor de las aulas de compensación es fundamental. Se trabaja en equipo. “Las situaciones familiares sí que son duras y determinan lo que va a pasar en clase”. Se han encontrado con chavales sin normas, poco estables emocionalmente y con problemas de conducta muy graves. Pero la satisfacción de haberlos reconducido no tiene precio.

 

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