Salvar una vida puede depender de un desfibrilador

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Desfibrilador instalado en el Colegio Monte Tabor de Madrid.

En Madrid los centros de enseñanza están obligados a tener uno y en otras CCAA depende del número de alumnos
El Proyecto Cecardio, de CECE y Biomed, pone todas las facilidades para que cada centro pueda tener un desfibrilador y personal formado para hacer una reanimación

Los centros educativos de Madrid ya están obligados a tener un desfibrilador semiautomático en sus instalaciones.

En otras comunidades, la legislación lo fija como recomendación o como obligación a partir de un elevado número de alumnos (por ejemplo, 1.500 en el caso del país vasco). Algunas administraciones están revisando sus decretos, según fuentes de este sector.

En Madrid, un decreto de septiembre de 2017 reguló la disponibilidad de desfibriladores semiautomáticos fuera del ámbito sanitario, obligando a los centros de enseñanza a tenerlo en sus instalaciones independientemente de su número de alumnos.

Poco a poco, los colegios, las academias y las universidades van informándose y adquiriendo desfibriladores, pues el de decreto dio un año de plazo para su instalación.

Para cumplir con la normativa madrileña y seguir la recomendación de otras CCAA, CECE ha puesto en marcha el Proyecto Cecardio, un plan de cardioprotección íntegral creado con la colaboración de Biomed, empresa española de suministro de alta tecnología sanitaria.

El convenio firmado entre CECE y Biomed ofrece a los centros un “pack de cardioprotección integral” que incluye la instalación de una vitrina señalizada con el desfibrilador en su interior. Se trata de un desfibrilador semiautomático “AED Plus” de Zoll que, según apuntan en Biomed, “es fiable, seguro y de fácil manejo”.

El “pack” incluye las baterías y electrodos correspondientes; la revisión periódica y el mantemiento y cambio de componentes, y la formación del personal escolar para su correcto uso, informa Carmen Rodríguez, responsable de producto de Biomed.

“No se trata sólo de llevar un desfibrilador a un centro”, incide Rodríguez. Según el Plan Nacional de Reanimación Cardiopulmonar, elaborado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias, allá donde haya un desfibrilador semiautomático, debe formarse a ocho personas y certificar su aptitud.

Esta regulación fija los contenidos de la formación, el número de horas de la misma (ocho) y que debe ser impartirda por instructores acreditados y homologados.

Estos profesionales autorizados suelen ser trabajadores de servicios de emergencias y de hospitales, y sólo pueden ejercer la formación en la comunidad autónoma en la que estén acreditados, explica la responsable de producto de Biomed.

Biomed garantiza que la formación se imparte conforme a la normativa establecida.

No obstante, aseguran en Biomed, el manejo del desfibrilador semiatumático AED Plus es sencillo, toda vez que se haya recibido la formación. “Su electrodo de una sola almohadilla facilita la colocación e indica si la frecuencia y profundidad de las compresiones es correcta”, explican

En el caso de Madrid, los desfibriladores instalados en cada centro cuentan con un dispositivo de aviso automático al 112 cuando se activa el aparato, ya que la normativa autonómica obliga a ello.

El convenio suscrito entre CECE y Biomed posibilita a los socios de CECE la financiación de este servicio integral a cinco años en modalidad de renting.

Para los centros de aquellas CCAA en las que aún no sea obligatorio disponer de un desfibrilador, Biomed recuerda que más de 30.000 personas fallecen anualmente en España por parada cardiorrespiratoria y muchas podrían salvarse si en los primeros cinco minutos actuáramos con un desfibrilador y maniobras de recuperación. Además, recalcan, aunque sea una cuestión secundaria, tenerlo da buena imagen al colegio.

 

 

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