Discurso de Alfonso Aguiló en la inauguración del 47º Congreso de CECE

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Reproducimos el discurso íntegro del presidente de CECE, Alfonso Aguiló, durante la inauguración del 47º Congreso Nacional de CECE en A Coruña, el 28 de noviembre de 2019:

«En primer lugar quiero en nombre de CECE reiterar nuestro agradecimiento muy en particular al Secretario de Estado de Educación y Formación Profesional, Alejandro Tiana, y a la Consejera de Educación de la Xunta de Galicia, Carmen Pomar, por estar aquí con nosotros, así como a todas las autoridades, por su presencia hoy aquí, y por el afecto que nos demuestran.

Lo mismo debo decir de los titulares y directivos y profesores aquí presentes, las organizaciones empresarialessindicatosfederaciones de padres, asociaciones profesionales, y a todas las instituciones implicadas en esta gran tarea de la educación.

Mi agradecimiento también a todos los que han hecho posible este Congreso, en particular a CECE GALICIA y a todas las personas de la sede central de CECE.

Tampoco puedo dejar de referirme a todas las instituciones que han contribuido a hacer posible este evento, a los que han puesto los stands que tanto contribuyen a este Congreso, a todas esas empresas que facilitan tanto el trabajo en las escuelas y que hacen un trabajo extraordinario.

En nuestro Congreso de este año hemos escogido el título “Caminos a la transformación”.

La transformación educativa está en boca de todos, pero también en la mente de todos está la cautela sobre cómo abordarla. Qué tipo de innovación se ajusta a cada colegio y, sobre todo, para qué, son las preguntas a las que cada claustro y cada equipo directivo trata de dar respuesta acertada. La velocidad del cambio es vertiginosa, la estimulación para el cambio es alta, y necesidad de reflexión y análisis sobre el cambio deber ser algo permanente.

Por eso este año CECE ha querido dedicar su 47º Congreso a favorecer un debate profundo sobre la transformación educativa que contribuya a definir objetivos certeros y caminos para alcanzarlos.

Son tantos los retos a los que se expone la sociedad y el individuo, que la presión transmitida a los profesores y los centros cada vez es mayor. Convertida en cierta manera en oráculo de esas inquietudes, la escuela no elude su responsabilidad y busca caminos a su transformación.

La transformación es una necesidad permanente en educación. Hay que adaptarse a los cambios sociales, a las nuevas sensibilidades, a las nuevas necesidades que se plantean, a las nuevas posibilidades pedagógicas de que disponemos.

Pero sabemos también que la innovación no es una simple producción de novedad. Es preciso evaluar su impacto, sus resultados: generar evidencias. Las cosas no son buenas o malas simplemente porque sean nuevas o antiguas. Hay que estar abierto al cambio y a la innovación, pero siempre con la vista puesta en comprobar que cada innovación aporta un nuevo valor, que realmente aporta una mejora.

Cuanto más rápido va todo, más urge reflexionar, ordenar ideas, establecer prioridades, y a eso pretende ayudar este 47º Congreso de CECE. Tanto escuchando a los expertos como con interesantes ejemplos de transformación educativa.

La transformación digital es una de las muchas transformaciones que necesita una escuela para adaptarse a la realidad en que se desarrolla, pero hay muchas otras. Queremos que nuestras escuelas sean cada día mejores en equidad, en acogida, en sensibilidad por el medioambiente o la inclusión. Queremos que sean más seguras, que alejen cada día más cualquier tipo de acoso o discriminación.

En esta lucha contra la discriminación no quisiera dejar de hacer una referencia a nuestras inquietudes de cara a la próxima ley de educación.

Nos preocupa mucho que se quiera recortar la libertad de elección de centro educativo. Es muy difícil imaginar libertad de educación sin libertad de elegir colegio. De hecho, el artículo 26.3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos señala que los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Lógicamente, no hablamos de libertad absoluta de elección de centro, ni tampoco hemos pedido una concertada a la carta, solamente decimos que no se pueden cerrar aulas concertadas que tengan igual o más demanda que la media de su entorno, como avalan numerosas sentencias a lo largo de más de tres décadas.

Nos preocupa que en argumentarios y declaraciones institucionales se digan cosas tan poco afortunadas como que los centros concertados eligen a sus alumnos (cuando todos aquí sabemos que los centros concertados están en el sistema público de escolarización, y que las admisiones se gestionan mediante aplicaciones informáticas de las Consejerías y que los centros reciben una lista de admitidos).

Nos preocupa (como ha señalado nuestro Observatorio de lucha contra la desigualdad) que en numerosas comunidades autónomas se excluya de las ayudas de transporte y comedor a las familias que eligen centro concertado. Eso significa que el autobús pasa por su puerta y no lo quiere recoger. Es una discriminación flagrante, que impide a esas familias (inmigrantes, de menor nivel económico, de zonas más apartadas) elegir un centro concertado… para que luego encima nos digan que tenemos menos de esas familias en los centros concertados. Se nos señala como culpables de lo que somos víctimas, tanto las familias como los centros.

Nos preocupa que se diga con toda rotundidad que el concierto no debe depender de la demanda de las familias sino de la planificación.

Nos preocupa que se diga que la LOMCE ha provocado un gran crecimiento de la concertada, sobre todo en Madrid, cuando todos sabemos que la concertada lleva 30 años estabilizada en los mismos porcentajes en toda España, también en Madrid, y que todos los nuevos centros concertados que se han creado en Madrid (unos 90, frente a 280 públicos) han nacido antes de la LOMCE. Y quitar la referencia a la demanda social del Artículo 109 no impide en absoluto que haya nuevos centros y aulas concertadas. Pero tampoco impide que las administraciones puedan quitar poco a poco aulas con alta demanda.

Nos preocupa tanto interés en que la nueva ley permita que la programación general de la enseñanza pueda hacerse ignorando la demanda social de los ciudadanos. ¿Por qué tanto malabarismo para decir que ir contra su libertad de elección es la mejor forma de defender la libertad de educación?

La enseñanza pública no mejorará a base de llenar sus aulas cerrando aulas de centros concertados, sino trabajando para que la enseñanza pública sea cada día mejor, cosa que todos deseamos.

Nos sorprende también que se hable de diálogo y de consenso, para luego querer imponer unilateralmente un cambio radical en la interpretación que a lo largo de cuarenta años se ha hecho de la demanda social y del derecho constitucional de libertad de enseñanza.

Es evidente que la libertad de enseñanza exige pluralidad de centros, y para que esa pluralidad sea asequible a quien tiene menos recursos, debe estar sostenida con fondos públicos, y las familias deben poder ejercitar ese derecho a elegir centro en régimen de igualdad de oportunidades.

Queremos una mejor ley de educación, por supuesto, pero sin legislar contra la escuela concertada. No sobra nadie para mejorar la educación. Todos queremos una escuela mejor, con una mayor autonomía de centro, más equidad, con una mayor flexibilidad curricular que permita a los centros adaptarse mejor a las necesidades de su alumnado. Así tendremos una escuela con más calidad, con más equidad, con más inclusión, con más innovación.

Tenemos mucho trabajo por delante. Enhorabuena a todos por estar aquí hoy pensando en transformar y mejorar la educación.»

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