Cada vez tengo más claro que el Arte en todas sus variantes es el mejor vehículo de aprendizaje y bienestar en un aula. Cantar, dibujar, narrar y escuchar relatos, representarlos por medio del teatro o realizar tus propias creaciones a través de tus manos, tu mente y corazón son ingredientes que hacen al ser humano, más humano ya sea en su vida escolar o vida adulta.
Desde su más tierna infancia, el niño es creador y descubridor. Interactúa y conoce su entorno por medio de herramientas creativas que le estimulan la imaginación: un palo puede ser un caballo, un lápiz o una escoba. Con este conoce las fuerzas de la gravedad, compara, mide, estima y se va acercando a las leyes que ordenan nuestro mundo: las leyes matemáticas.
Desde pequeños estamos interactuando con las matemáticas sin saberlo, de forma creativa y a través del juego: el gran motor de conocimiento del niño
¿Por qué no aprovechar ese motor de conocimiento en los siguientes años de escolares?
En una disciplina como las Matemáticas, que puede ser más abstracta, fría y racional que ninguna otra, el Arte juega un papel clave como activador del interés, la creatividad y la comprensión.
La multiplicación, la geometría, la resolución de problemas o la medición pueden ser aprendidas a través de procesos artísticos que abren las puertas de la creatividad y el interés en los alumnos.
Porque si uno indaga, comprobará que las matemáticas están presentes en la música, en las flores, en las 4 estaciones, en la arquitectura de nuestros edificios y hasta en nuestro propio cuerpo.
Otra forma fascinante de vivir las matemáticas con entusiasmo es buscar su conexión con la vida y la naturaleza. ¡Otro arte!
Cuando el entorno del niño está rodeado de belleza, arte y creatividad sus facultades se despliegan como una flor de loto.
David Sanz de Mingo , maestro enamorado de las matemáticas

