Joan Vizcaíno. Medio siglo como director: “He sido siempre feliz en clase”

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Fundador del Liceo Egara, en Tarrasa (Barcelona), Joan Vizcaíno lleva 51 años en el mundo de la educación

Aunque se jubiló como director, aún sigue visitando a diario las aulas y conversando con los 1.100 alumnos del centro. Porque la vocación no entiende de estados laborales. Él cree firmemente en la vocación docente. A los 70 años, además, sigue contribuyendo al progreso educativo desde su puesto de presidente de la Federació Catalana de Centres d’ Enseynament (FCCE).

“He sido siempre feliz en clase”. Es la frase que resume su experiencia docente. Joan Vizcaíno es una mezcla de seguridad, vocación y serenidad. Parece el director perfecto. Por algo lo es desde que cumplió 19 años.

Lo cuenta así:

“Llegué a Barcelona con 19 años, desde Almería, un poco para ver el mundo, después de mis estudios de Magisterio, y comencé a trabajar como profesor. Era la penúltima o última inmigración interna en España, en los 60. Se necesitaban escuelas en Cataluña para cubrir toda la demanda existente. El Gobierno no podía sólo y hubo una cantidad importante de escuelas de iniciativa social, a las que se llamó academias. No había en Cataluña demasiados estudiantes de Magisterio, así que a mí directamente me ofrecieron llevar la dirección de una escuela. ¡Desde los 19 años ya era director! Y al volver del servicio militar decidí crear nuestra propia escuela”.

Para ser un buen profesor debes tener algo de actor

“La educación es muy complicada. Se necesita mucho tacto, mucho saber hacer, para mantener una escuela privada y hacerla crecer”, reconoce. Pero tiene su recompensa:

“Lo más gratificante es la respuesta de los alumnos. Si usted pone cariño en ello, el niño y el adolescente saben perfectamente cuándo se les quiere. Es decir, cuándo a un profesor les importa. Y te devuelven ese cariño prácticamente siempre. Lo más gratificante es recibir el cariño, el respeto, esa especie de sentimiento de unión entre dos personas”.

En su opinión, un profesor debe tener carácter y también “ser un poco actor, pero de verdad, no de farsa”. “Has de hacerles ver a los alumnos que les importas, que todo lo relativo a ellos es importante, tener feeling con ellos, preocuparte hasta de las cosas menos importantes que puedan tener; has de decirles que estás ahí, no imponerles nada”.

Lo de actor viene por el movimiento. “Yo no tengo mesas, sólo un atril”. ¿Por qué? “Porque el maestro no está sentado. Si está sentado no ve, no visualiza a todos y cada uno de sus alumnos. El atril le permite estar a mayor altura. Que ellos vean que tú estás”.

A Vizcaíno le parece “importantísimo” ser cercano. “Has de estar caminando en medio de ellos; en la explicación, con la gesticulación, el tono, los brazos”. “Y en cualquier momento interactuar con ellos”, añade.

“En las escuelas de Magisterio una de las cosas que deberían cuidar es la oratoria. Hacer actuar a los futuros maestros delante de sus compañeros. Que se vea su capacidad dialéctica”.

Pero, sobre todo, “para ser maestro, hay que tener vocación”. “Auténtica”, remarca. “Es una carrera difícil, porque estas tratando con personas. No todo el mundo vale”.

“Fundamentalmente”, resume, “has de tener personalidad, una buena oratoria, buena modulación de voz. Te encuentras con personas con una voz plana; has de tener buena modulación, reconducir a ese posible alumno rebelde, aplazándole la crítica a después de clase, sin exponerle al ridículo delante de los compañeros. No gritar y al mismo tiempo quererlos”

El maestro finlandés

“Mi ejemplo es el maestro finlandés. Es el que obtiene mejor nota de corte en el acceso a la carrera. Y que antes de obtener la licencia tiene que estar un par de años en la docencia, supervisado por padres, dirección del centro, administraciones, para ver si realmente, hablando de una forma franca, da la talla”, señala.

Habría que tutorizar a los nuevos maestros antes de que ingresaran en la docencia y les dejáramos solos delante de un aula. Y los maestros más excelentes son los que deberían ir a los colegios de mayor dificultad de alumnado. Los mejores deberían estar con los alumnos más complicados”.

Profesores que no encuentran su sitio

“He visto esa incapacidad de hacerse aceptar por el grupo-clase. Lo he visto en personas que han empezado y en personas que ya llevaban un tiempo. Muchos de ellos han desistido de la docencia por la propia incomprensión que han encontrado en los alumnos. ¿Tan malos son, tan traviesos son? La verdad es que no. Los niños, adolescentes son como son, los hay mejores, peores, los hay con problemas de todo tipo (ahora cada vez más con ansiedad, TOC, hiperactividad, etc.) pero no por ello son difíciles. Tienen cabida siempre que tu seas un gran profesional. Pero no todo el mundo tiene esa capacidad. El maestro es un ente especial. Ha de tener unas cualidades que por desgracia no todo el tiempo tiene. Se queman muchos por la dificultad de estar en clase”. 

La relación con los padres

“No hay un padre en este país que no quiera lo mejor para su hijo. Y si un colegio establece vías adecuadas de entendimiento, la relación es fluida. El problema con los padres es mínimo. Y con los alumnos, lo mismo. El alumno es el mismo que cuando empecé. La persona es la misma. Ha cambiado la sociedad, ha cambiado el rol, han cambiado las carreras, los planes de estudio, pero el alumno para mí es el mismo.

Habrá gente que diga que el de hace 50 años era más disciplinado, acataba más lo que decía el profesor. Pero no es el niño el que ha cambiado, es el entorno”.

Yo tengo muchas veces que hacer de intermediario. He tenido que quitarle razón a un profesor delante de un padre. No es plato de buen gusto, pero el profesor a veces se equivoca. No utiliza la gestión adecuada.

Antes, un maestro decía esto es así porque lo digo yo y el niño se calaba. Ahora ni puede decirse ni es correcto. Al niño hay que responderle a ese “por qué, profesor”.

“Hay que dejar a la escuela tranquila”

Tras cuatro años como vicepresidente de FCCE, fue elegido presidente por unanimidad en 2017. Su reto es sustituir al histórico fundador y presidente de la patronal catalana de enseñanza, José Díaz. Son unos 150 centros concertados en Cataluña. Se propone visitarlos uno por uno y conocer sus necesidades e inquietudes.  Darle a la Federación un aire nuevo y que sea más participativa y cooperativa.

“Como maestro y director he asistido a lo largo de mi vida a bastantes reformas. Yo le diría que hay un lema que es importantísimo: hay que dejar a la escuela tranquila. Y hay que dejar a los profesionales trabajar. He tenido la gran suerte de tratar con la inmensa mayoría de los ministros y consellers y he tenido muy buenos interlocutores. Personas que sabían mucho del tema”, subraya.

Y añade: “Hace falta un acuerdo total y absoluto por parte de todos los partidos mayoritarios. Parece muy difícil, porque uno de los grandes partidos no está mucho por la labor. Lo mejor sería coger a los políticos interesados y encerrarlos en una habitación hasta que hubiera un acuerdo, en bien del alumnado”.

En cualquier caso, según Vizcaíno, “la escuela en general, tanto pública como privada y concertada, nos abstraemos un poco de este maremágnum porque, si no, sería imposible vivir. Estamos en lo importante: educar a los alumnos”.

Joan Vizcaíno conserva una estupenda figura a sus 70 años. No en vano ha sido boxeador, gimnasta deportivo, futbolista… “No he sido tremendamente bueno para nada, pero sí hábil para todo”, nos dice. Se retiró del fútbol a los 55 años por culpa de las rodillas, pero siempre se adaptó su posición en el campo a su evolución. Ha jugado en muchas posiciones: medio centro, mediocampista, lateral y por último central. Adaptación al cambio. Ahora practica esquí, tenis, pádel y golf. “Y voy al gimnasio. Cuerpo sano y mente clara”.

 

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