La Confederación de Padres de Alumnos (COFAPA) celebró ayer su 48º Diálogo de Educación en el Espacio Bertelsmann de Madrid, con la participación del sociólogo y catedrático emérito Mariano Fernández Enguita, una de las voces más influyentes en el análisis de la transformación educativa. Bajo el concepto de la denominada «Quinta Ola», el experto ofreció una reflexión sobre cómo la revolución digital y la inteligencia artificial están obligando a repensar los fundamentos del sistema educativo tradicional.
La presidenta de COFAPA, Begoña Ladrón de Guevara, inauguró el encuentro destacando que estos diálogos tienen como objetivo promover una auténtica «cultura del encuentro» entre familias, educadores y expertos para generar alianzas que permitan ofrecer a los alumnos la mejor educación posible.
Durante su intervención, Fernández Enguita subrayó el papel decisivo de las familias en el éxito escolar. Afirmó que el entorno familiar aporta la sintonía, el acompañamiento y la motivación que ningún recurso material puede garantizar por sí solo. En este contexto, defendió la necesidad de fortalecer la colaboración entre escuela y familias para afrontar conjuntamente los desafíos derivados de la digitalización.
El sociólogo situó los cambios actuales en una perspectiva histórica, identificando cinco grandes revoluciones en la comunicación humana: el lenguaje, la escritura, la imprenta, el audiovisual y la transformación digital. Según explicó, la escuela contemporánea sigue respondiendo en gran medida a un modelo diseñado para la era de la imprenta, basado en que todos los alumnos aprendan lo mismo, al mismo tiempo y de la misma manera. Sin embargo, advirtió de que esta estructura resulta cada vez menos adecuada para responder a las necesidades de una sociedad globalizada, hiperconectada y tecnológicamente avanzada.
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue la relación entre tecnología y educación. Fernández Enguita alertó de que cuando la innovación tecnológica avanza más rápido que la capacidad educativa para adaptarse a ella, aumentan las desigualdades y el malestar social. Asimismo, señaló que la escuela compite actualmente por la atención de los estudiantes con un ecosistema digital diseñado para captar y retener usuarios mediante algoritmos altamente sofisticados.
Respecto a la inteligencia artificial, el ponente prefirió referirse a ella como «inteligencia aumentada», al considerar que su principal valor reside en ampliar las capacidades humanas y no en sustituirlas. Destacó su potencial para personalizar el aprendizaje, favorecer una interacción constante con el conocimiento y recuperar dimensiones educativas que habían quedado limitadas en los modelos tradicionales. Al mismo tiempo, advirtió de riesgos como la desinformación o la creación de burbujas informativas, insistiendo en la necesidad de formar ciudadanos críticos y capaces de desenvolverse en entornos digitales complejos.
Para afrontar estos desafíos, Fernández Enguita defendió una transformación profunda de la organización escolar. Entre sus propuestas destacó la creación de espacios y tiempos más flexibles, la superación del modelo del profesor aislado mediante fórmulas de codocencia y colaboración profesional, y una revisión de las políticas centradas exclusivamente en la reducción de ratios. En su opinión, la mejora educativa depende más de cómo se organizan y coordinan los recursos humanos que del simple número de alumnos por aula.
El experto concluyó con una defensa del «humanismo digital», entendido como la incorporación de la cultura tecnológica al proyecto educativo sin renunciar a los valores humanistas. En este sentido, hizo un llamamiento a integrar la tecnología y la inteligencia artificial desde las etapas obligatorias de enseñanza mediante un plan pedagógico sólido y construido en diálogo permanente con las familias.

