La Confederación Española de Centros de Enseñanza alerta del retroceso del rendimiento del alumnado español y reclama un análisis riguroso de las políticas educativas aplicadas en los últimos años
Los resultados de PISA 2025 vuelven a situar sobre la mesa uno de los principales retos del sistema educativo español: cómo mejorar los aprendizajes de los alumnos y garantizar que todos ellos alcancen los conocimientos y competencias necesarios para afrontar su futuro.
La Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) ha recibido con preocupación los resultados publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que reflejan un descenso del rendimiento del alumnado español en áreas fundamentales como las Matemáticas y la Lectura.
España obtiene en esta edición 477 puntos en Ciencias, 451 en Lectura y 457 en Matemáticas, unos resultados que se encuentran entre los más bajos de la serie histórica de PISA. En comparación con 2022, el rendimiento desciende en Matemáticas y Lectura, mientras que en Ciencias se mantiene aproximadamente en los mismos niveles.
El retroceso español se produce, además, en un contexto internacional de descenso generalizado del rendimiento. La propia OCDE señala que el desempeño medio de los países participantes ha alcanzado sus niveles más bajos registrados hasta la fecha en Matemáticas y Lectura.
Un descenso que debe hacer reflexionar al sistema educativo
Para CECE, estos datos requieren una reflexión que vaya más allá de las cifras y de la comparación entre comunidades autónomas, redes educativas o niveles socioeconómicos.
La organización considera especialmente preocupante que el descenso del rendimiento se produzca de manera generalizada y que, en determinados ámbitos, afecte también al alumnado procedente de contextos socioeconómicos más favorecidos.
El diagnóstico, por tanto, no puede limitarse exclusivamente a la desigualdad educativa. La reducción de las brechas es un objetivo imprescindible, pero no puede convertirse en la única referencia para valorar la evolución del sistema.
“Exigencia académica y apoyo deben ir juntos: ayudar más a quienes encuentran dificultades y elevar el aprendizaje de todos. No podemos conformarnos con que las distancias se reduzcan si el conjunto del alumnado aprende menos”.
Así lo señala Alfonso Aguiló, presidente de CECE, quien pone además el foco en la comprensión lectora como una de las prioridades que deberían abordarse de manera urgente.
La lectura constituye una competencia transversal sobre la que se apoyan buena parte de los demás aprendizajes. Mejorar la comprensión lectora no es únicamente mejorar los resultados en Lengua: significa proporcionar al alumnado una herramienta fundamental para aprender Matemáticas, Ciencias, Historia o cualquier otra disciplina.
Evaluar antes de volver a reformar
Ante los resultados de PISA 2025, CECE reclama que las administraciones educativas realicen una evaluación pública, rigurosa e independiente del impacto de las políticas educativas desarrolladas durante los últimos años.
La organización considera necesario conocer qué medidas han funcionado, cuáles no han dado los resultados esperados y cuáles son las razones antes de poner en marcha nuevas reformas legislativas.
Esta evaluación debería contar, a juicio de CECE, con la participación del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), las administraciones educativas, las organizaciones de centros de las diferentes redes, representantes del profesorado y las familias, además de expertos independientes.
El objetivo no sería paralizar la evolución del sistema educativo, sino precisamente todo lo contrario: conseguir que las decisiones que se adopten estén sustentadas en evidencias y en el conocimiento acumulado por los propios centros educativos.
“No pedimos que no se legisle. Pedimos que, antes de más reformas, sean leyes o reales decretos, sepamos qué ha funcionado, qué ha fallado y por qué”, afirma Aguiló.
Y añade una reflexión especialmente relevante: “No basta con evaluar a los alumnos; tenemos que evaluar también las decisiones educativas y políticas”.
De la evaluación del alumnado a la evaluación de las políticas
Los resultados de PISA ofrecen una fotografía periódica del rendimiento de los estudiantes de 15 años y permiten comparar la evolución de los sistemas educativos. En la edición de 2025 participaron más de 760.000 alumnos de 91 países y economías, una muestra que representa aproximadamente a 33 millones de jóvenes.
En el caso español participaron cerca de 30.000 estudiantes de 956 centros educativos, una muestra representativa de alrededor de 459.800 alumnos de 15 años.
Pero para CECE, disponer de estos datos debe servir también para hacerse preguntas sobre las políticas que se están aplicando.
El debate educativo no puede quedar reducido a una sucesión de reformas, modificaciones legislativas y cambios metodológicos sin un análisis posterior de sus resultados. La educación necesita estabilidad, evaluación y capacidad para corregir aquello que no funciona.
La cuestión, por tanto, no es únicamente qué dicen los resultados de PISA, sino qué decisiones deben tomarse a partir de ellos.
La comprensión lectora, una prioridad
Uno de los principales focos de preocupación para CECE es la evolución de la Lectura. El resultado de 451 puntos obtenido por España en PISA 2025 refleja la necesidad de reforzar una competencia que tiene un impacto directo sobre el conjunto del aprendizaje.
Comprender un texto, identificar sus ideas principales, interpretar información, establecer relaciones o valorar críticamente lo que se lee son habilidades imprescindibles tanto dentro como fuera del aula.
Por ello, cualquier estrategia de mejora debería contemplar medidas que permitan reforzar la lectura desde las primeras etapas educativas y que impliquen a todos los agentes de la comunidad educativa.
Un llamamiento a la responsabilidad y al consenso
Los resultados de PISA 2025 llegan en un momento en el que el sistema educativo afronta numerosos desafíos: la mejora de los aprendizajes, la atención a la diversidad, la transformación digital, la incorporación de la inteligencia artificial, la convivencia escolar y la preparación de los alumnos para un entorno social y profesional en constante transformación.
En este contexto, CECE considera que la respuesta no puede ser únicamente aprobar nuevas normas.
El reto pasa por evaluar, escuchar a los centros y a los profesionales, analizar evidencias y construir políticas educativas estables y orientadas a resultados.
PISA vuelve a ofrecer una señal de alerta. La respuesta, para CECE, debe ser una reflexión profunda sobre el rumbo del sistema educativo y sobre las medidas necesarias para que todos los alumnos aprendan más y mejor.
Porque mejorar la educación no consiste únicamente en reducir las diferencias: también significa elevar el nivel de aprendizaje del conjunto del alumnado y garantizar que ningún estudiante quede atrás.

