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La gran victoria de la escuela frente al Covid-19: “Hubo momentos de desesperación, pero lo conseguimos”

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Repasamos, de la mano de docentes y directivos escolares, los principales hitos del curso 20-21, en el que el aprendizaje presencial se impuso a la pandemia y sus restricciones, y la escuela se erigió en orgullo y ejemplo para la sociedad

La dureza de este curso ha tomado tintes irreales. Tanto que, si miramos en perspectiva, parece que todo ha sido todo un sueño. ¿Recordáis aquel comienzo? Aquella desorientación que no mermó el arrojo de darlo todo, aquellos maratones de reuniones telemáticas con las familias, las señalizaciones, la obsesión del metro y medio… El miedo… Y la Administración, que a veces confundía más que aclaraba, y no enviaba los refuerzos necesarios para hacer viables las nuevas ratios.

Luego, aquellos recreos de esparcimiento limitado, el atrincheramiento forzado en el aula, los impedimentos físicos para trabajar en equipo, para compartir el material; las dificultades para que os entendieran en inglés con la mascarilla puesta, y hasta en español. Os habéis dejado la voz más que nunca. …Y cómo no destacar ese desconcertante Bachillerato a turnos, o las clases sincrónicas para los del aula y los de casa. Cosas nunca imaginadas … Qué lejos quedan aquellos primeros positivos, que hicieron tambalearse a todo el colegio; y aquellas primeras vídeoclases, el estrés por que todas las conexiones funcionaran y el alivio cuando todo funcionaba… aunque luego comprobarais que en la pantalla la atención y el aprendizaje eran mínimos.

Todos recordáis, como muy lejano, ese mantra de “no llegamos al Pilar”. Y El Pilar pasó. Y después, el orgullo de haber llegado a Navidad recuperando el tren del aprendizaje. De repente, el abismo de enero y febrero, en los que se acumulaban los docentes enfermos y las clases confinadas, sin que llegaran refuerzos de ningún sitio. Con semejante golpe, pasaba a un segundo plano el frío que pasabais en el aula. Y después llegaron las bajas por las vacunas, a razón de un día o dos por docente.

«Ha sido durísimo, pero nadie ha aflojado un ápice», señala José Luis Marrero, director del Colegio Arenales Carabanchel de Madrid. «Debemos felicitarnos y decirlo bien alto. A ver qué país ha mantenido sus colegios abiertos durante todo el curso».

“Hay que destacar la fortaleza de la comunidad educativa, principalmente de alumnos y docentes; ellos son los que han conseguido sacar el curso adelante”, reclama Javier Ojea, director del Colegio Montesol de Vigo.

“Sin duda, lo mejor de este curso han sido los profesores”, recalca Ana Marín, directora del Colegio Marni de Valencia. “Se han dejado la piel en todo momento, con una carga de trabajo extra enorme y sin poder salir de clase. Ha habido momentos de desesperación y de cansancio extremo, pero lo hemos conseguido”. «Han batallado como animales», añade José Luis Marrero, que advierte que «los docentes no son un chicle que pueda estirarse sin límite» y «el curso que viene hay que hacer lo posible por bajar la carga que han tenido este año».

Superando varias veces el límite de vuestras fuerzas, llegasteis agotados a la Semana Santa. ¿De dónde sacasteis las fuerzas para terminar junio, maestras y maestros, profesores y profesoras? Muchos decís que del coraje y la obediencia de los niños, que os hicieron sentir que aquello era lo más normal del mundo: restringir al aula toda la enseñanza, trabajar con abrigo, gorro, doble calcetín y manta, comunicarse e interactuar durante horas con una mascarilla puesta, no compartir el material, no darse abrazos…

La socialización, los afectos…

“Lo que más me ha impactado ha sido ver que los niños pedían permiso para ser afectivos, para sentir o demostrar el afecto que antes era natural y espontáneo”, recuerda Javier Herrera, maestro del CEIP Daoiz y Velarde de Alcobendas (Madrid). “Que los niños te preguntaran ‘¿profe, te puedo dar un abrazo?’ es fuerte. Veía que las relaciones entre ellos se enfriaban, eran más rígidas. También les afectó la fragmentación del grupo para bajar la ratio del aula”.

Javier Ojea también señala que “el aspecto más negativo ha sido la poca socialización de los niños por las mascarillas, la imposibilidad de juntarse y de mezclarse, la falta de actividades complementarias”.

«Se ha perdido contacto humano, eso ha sido lo peor», coincide Elisea García Rivas, directora del Colegio Rivas-Luna de L’Eliana (Valencia). «No sabemos la repercusión que tendrá en los alumnos de edad temprana. El desarrollo del lenguaje puede que no sea el mismo».

Con todo, hicisteis lo posible para recuperar la afectividad, el dinamismo y ese espíritu de grupo que tanto necesitaban los niños y también vosotros. La tregua que dio el virus a partir de marzo y la primavera aliviaron la rigidez y muchos os atrevisteis incluso a juntar las mesas por grupos. Aquello se parecía más a los viejos tiempos y daba fuerzas para seguir.

En Secundaria fue más duro, decís: los adolescentes se adaptaron peor a la nueva realidad tras demasiados meses restringiendo sus relaciones a la pantalla del móvil. “Hemos tenido un aumento notable de problemas emocionales en los alumnos de estas edades”, asegura Ana Marín. «Para ellos ha sido muy duro”, coincide Javier Ojea.

Pero también conseguisteis que remontaran, al menos la gran mayoría. “Hemos hecho todo lo que ha estado en nuestra mano para amortiguar situaciones de gran adversidad”, subraya Cristina Sastre, directora de Orientación del Colegio Santa Gema Galgani de Madrid.

Al final, esa lluvia de agradecimientos entre los alumnos y sus familias, esos regalitos, esas cartas, esos dibujos… sabéis que fueron más sentidos que nunca. Lo habéis dado todo y se notó cada día.

Nada es inamovible

También contáis que algunas cosas han llegado para quedarse, como las reuniones telemáticas, las entradas y salidas escalonadas… Y que habéis dado un salto de madurez inesperado, en el que se combinan una mejor gestión de la incertidumbre y de los imprevistos, una mayor competencia digital, así como mayor flexibilidad y creatividad.

“Hemos aprendido a esperar cada día algo nuevo. Como nunca sabíamos qué iba a pasar, debíamos estar preparados para reaccionar inmediatamente”, rememora Ana Marín.

“Una de las cosas positivas ha sido esa capacidad de adaptación y de transformación que ha demostrado un sector acostumbrado, salvo honrosas excepciones, a hacer siempre lo mismo”, destaca Javier Ojea.

«La pandemia nos ha ayudado a relativizar la importancia de lo inamovible. Hemos demostrado que todos podemos adaptarnos e innovar», reflexiona José Luis Marrero, acostumbrado a que en cualquier reunión con otros colegas alguien pronuncie la frase «Bueno, eso era así antes de la pandemia… No tiene por qué volver a ser igual».

«Lo mejor», para Elisea García, «ha sido el avance en las tecnologías por parte de todos en un tiempo récord». Ese esfuerzo para hablar ‘un mismo idioma’ –al menos con nivel básico– ha facilitado las cosas.

Entre colegas, sin embargo, algo han podido resentirse las relaciones por la falta de contacto y por el agotamiento. Muchos de vosotros ya estabais acostumbrados a cooperar y compartir proyectos a distancia, y este curso lo habéis hecho aún más, pero algunos otros os habéis metido más que nunca en vuestro aula.

Ahora toca descansar. Y seguir cuidándoos. Que en nada os vemos de nuevo en la fila termómetro en mano. Aunque el Covid continúa, “debemos pensar más allá del Covid», anima Ana Marín. «Ya sabemos lo que es y debemos seguir adelante”.

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