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Pedro Sarmiento: «LÓVA ofrece a los docentes un salto que llevan tiempo deseando dar»

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Madrid-Valencia, Madrid-Murcia. Madrid-Ferrol… El tren habrá sido un descanso para Pedro Sarmiento en estos primeros días de julio en los que ha coordinado la celebración, casi simultánea, de cuatro cursos LÓVA para un centenar de maestros y profesores. Encontramos a este pianista en la entrada de artistas del Teatro Real repartiendo pases de entrada a decenas de personas que se arremolinan en torno a él: son familiares y amigos de los 24 docentes que han hecho el curso LÓVA en Madrid y que culminan la formación con la representación de una breve ópera que ellos mismos han compuesto. Pedro atiende a todos sonriente, calmado, atento y cortés. Con la misma disposición, acepta esta breve entrevista:

Pregunta.– El proyecto LÓVA supone una transformación del profesor, primero durante la formación, y después, durante la puesta en marcha con sus alumnos. ¿Cómo es ese viaje, esa evolución? ¿Por qué momentos pasa un profesor LÓVA?

Respuerta.– Creo que los docentes que se acercan al curso vienen a confirmar o reforzar cosas que llevan años trabajando. Nadie descubre LÓVA desde cero, sino que LÓVA les ofrece una forma de dar un salto que llevan tiempo deseando dar. Una vez que empiezas, el propio proyecto suele empujarte a seguir. Se parece a aprender a montar en bicicleta.

No hay una descripción que haga honor a lo que han vivido cientos de profesionales. Tal vez haya rasgos que se repiten más que otros, como por ejemplo disfrutar del vértigo de ver que tu clase no te necesita todo el rato, descubrir que conoces mucho mejor a tus alumnos, o pasar unos fuertes vaivenes emocionales que no siempre puedes compartir con tu clase.

P.– Cuando llegue septiembre y los docentes que se han formado este verano comiencen el proyecto LÓVA con sus alumnos, no tendrán toda esa energía colectiva que les ha hecho fluir durante el curso de formación, ni tendrán al lado a Mary Ruth, a ti, a Tamara o a Alba… ¿Cómo es ese salto al vacío?

R.– El acompañamiento profesional es, tal vez, uno de los mejores efectos del curso. Cuando empiezas LÓVA no lo haces en solitario. Cuentas con un grupo que sabe dónde estás y qué te guía a la vez que atiende de tu experiencia. Es una suerte que todas las CCAA que convivan cursos LÓVA lo hayan entendido así porque durante el curso fomentan grupos de trabajo que son imprescindibles y que multiplican el efecto transformador dentro del sistema educativo. Necesitamos más docentes con oportunidades para trabajar en red y generar conocimiento.

P.– La ópera está alejada de la cultura de masas, en la que vive inmersa la mayoría de los niños de España y de cualquier país. ¿Cuál es la reacción inicial de los niños y cómo es también ese viaje experiencial? 

R.– Cuando se lo proponen en clase, la reacción es de entusiasmo. No saben nada de ópera y a la vez lo saben todo sobre la idea ancestral de hacer teatro. No se acercan a la ópera para saber más de Verdi o de Donizetti, sino de sus vidas. Cuando aprendimos a leer no necesitamos pensar en Ezra Pound, Dostoyevski o Cervantes, sino en lo que más nos interesaba en ese momento, que pudo ser un poema pero también el texto de una caja de galletas. Creo que es buena idea llegar a la ópera a través de algo mucho más personal que Rigoletto o Il Trovatore, como por ejemplo tu vida, tu comunidad, tus inquietudes o tu atrevimiento. Y si además puedes ver Rigoletto, estupendo.

P.– ¿Por qué la ópera? ¿Es un vehículo especialmente poderoso para algún objetivo en particular? ¿Es la creación artística más completa?

R.– LÓVA procede del Metropolitan de Nueva York y en España se difundió desde el Teatro Real. Creo que habría sido interesantísimo ver proyectos similares en torno al musical, la zarzuela, el cabaret, el circo, etc, pero en nuestro caso no ha sido así.

La ópera, además, es perfecta para hablar de un gran reto. Permite integrar casi tantas disciplinas artísticas y técnicas como uno quiera para crear algo grandioso. De pequeños, cuando jugamos a fútbol, somos Pelé, Messi o cualquiera de los mejores jugadores del mundo, y no jugamos Tercera Regional, sino la Champions. La ópera es la Champions de las artes escénicas.

P.– Es muy fácil para un docente poner por delante todos los obstáculos (dentro y fuera del colegio) y las presiones que dificultan la puesta en marcha de un proyecto transformador. ¿Cómo trabajáis en el curso la autosuperación de estas dificultades externas? ¿O se da por hecho que quien empieza en LÓVA ya está decidido a superarlas por sí mismo?

R.– No es propio de LÓVA, sino de la educación, que lo que se mueve se mueva gracias a personas que trabajan muchísimo y muy bien. Imagino que pasa lo mismo en medicina, en ingeniería o en el sector de la publicidad. No creo que LÓVA sea una barca a la que salta un grupo de gente que quiere avanzar. Creo que más bien LÓVA se lanza a un río en el que se encuentra con muchas personas que ya forman la corriente. Las únicas personas cualificadas para dignificar la educación son los docentes y en LÓVA llevamos años conociendo muchos docentes admirables que han convertido este proyecto en algo muy serio y muy profesional. Sin ese trabajo LÓVA no sería nada, tal vez un texto en un papel.

P.– El trabajo que hay detrás de LÓVA es tan ingente, que da la impresión de que si un profesor es capaz de hacer LÓVA con sus alumnos, ya es capaz de cualquier cosa. ¿Es así? ¿Es como una especie de entrenamiento de alto rendimiento?

R.– Hacer LÓVA es agotador y me consta que hay ingentes ejemplos de gente que, fuera de LÓVA, hace maravillas en educación y se agota para conseguirlo. Los docentes son profesionales con una dosis importante de modestia, que les viene del contacto directo con la realidad. No creo que se sientan con frecuencia capaces de cualquier cosa, porque trabajan con personas y saben que por sus aulas pasa, nada más y nada menos, el género humano. Sí creo que LÓVA deja huella en las personas que lo imparten. Muchas le dedican años de su vida, pero a la vez es una etapa que viven para pasar a otras. Va en el perfil de quienes hacen LÓVA: gente inquieta que busca las mejores ideas para disfrutar de un trabajo bien hecho.

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