ACTUALIDAD DOCENTE

Información y reflexión sobre educación.

  Una publicación de

Ana María Farré: «Las mujeres líderes en educación no le dan importancia a visibilizar lo que hacen»

Google+ Pinterest LinkedIn Tumblr +

Cuando Ana María Farré publicó ‘Mujeres líderes en la educación del siglo XXI’, terminaba el fatídico curso 19-20 y su improvisada escuela a distancia. La educación se había convertido en uno de los principales focos de atención global, pero el libro no pudo ser presentado debido a las medidas de prevención de la pandemia. El pasado 19 de diciembre Ana María Farré presentó su libro en Bilbao, ya con la segunda edición en las librerías y es incluso más oportuno que cuando lo escribió.

La educación se ha visto expuesta a tantos cambios en tan poco tiempo y de una manera tan improvisada, que se impone la necesidad de revisar el trabajo de quienes, antes de la pandemia, llevaban años transformado la educación desde el conocimiento, la vocación social y la convicción –no tanto desde la urgencia– para centrar el foco e identificar en qué consiste la verdadera transformación educativa. Eso es, precisamente, lo que ofrece su obra, ‘Mujeres líderes en la educación del siglo XXI’, “un recorrido por la innovación educativa a través de 22 mujeres líderes en sus especialidades correspondientes”, según define la propia autora, satisfecha de haber cumplido con su doble objetivo: “Poner el foco en educación” desde los múltiples aspectos que la conforman y “dar voz a mujeres acreditadas” en cada uno de ellos.

P.– Su libro es un proyecto pionero sobre el liderazgo de la mujer educadora. ¿La costumbre de ver que la educación es cosa de mujeres nos ha hecho infravalorar el liderazgo de algunas de estas mujeres?
R.– Sin duda. Yo llevo tiempo metida en redes que potencian el liderazgo femenino y en un momento dado me di cuenta de que había publicaciones que visibilizaban a la mujer científica, a la mujer política, a la mujer empresaria… pero no a la mujer educadora, cuando precisamente la enseñanza ha sido una profesión copada por mujeres y la innovación educativa de hoy está en manos de tantas mujeres. Así que es un libro que nace con una vocación social y de justicia. Pero es que, además, en España se está produciendo una primavera educativa muy potente, gran parte de ella gracias a proyectos de mujeres con una tremenda vocación de servicio y que, sin embargo, viven en el anonimato, o apenas son conocidas; no invierten en visibilidad ni en marketing, no se preocupan por eso.

P.– Y no llevan en ello desde ayer precisamente…
R.– Son mujeres que llevan años innovando, con solvencia acreditada, con aportaciones importantes en sus especialidades y que emiten mensajes muy potentes, pero apenas se las ve.

P.– ¿Por qué cree que ocurre eso? ¿Cree que es porque no se considera nada extraordinario que una mujer trabaje en educación? ¿O porque, simplemente, la educación ‘no vende’?
R.– Puede ser. Pero también veo que la vocación de servicio que tienen es tan grande que no le han dado importancia a visibilizar lo que hacen o a que se les reconozca. De hecho, cuando yo me pongo en contacto con ellas para hablarles del proyecto, se sorprenden de que haya pensando en ellas. Concretamente una de estas mujeres me dijo cuando se publicó el libro algo que me impactó: “Tengo que agradecerte que contaras conmigo porque para mí ha supuesto un empoderamiento y me ha animado a escribir un libro sobre mi especialidad”. Eso me hace pensar en la ausencia de necesidad de destacar.

P.– En educación socialmente se tiende a generalizar y a eludir abordar la cantidad de aspectos que la conforman. Y usted llega a cada uno de esos aspectos a través de cada una de las mujeres elegidas. ¿Le parece que la educación precisa eso? ¿que se la mire más en detalle y no sólo como “el paquete escolar”?
R.– Así es. Cuando diseño el guión del libro, quiero que la visibilización de las mujeres sirva también para provocar un debate en innovación educativa, y busco hablar de muchos temas importantes en educación a través de ellas: por ejemplo, gestión de escuelas, neurociencia, inclusión, educación emocional, diseño de espacios escolares, metodologías concretas como el aprendizaje por proyectos, el aprendizaje de servicio…. Por eso la portada del libro es un caleidoscopio.

P.– Uno de los aspectos que aborda el libro es la tecnología en la escuela, que se ha convertido en la protagonista absoluta de la educación durante la pandemia.
R.– Ahí podemos aprender mucho de tres de las mujeres que forman parte del libro y que llevan muchos años generando cambios reales en las aulas: dos de ellas son ingenieras que se han incorporado al mundo de la educación, y la tercera, una experta en Flipped Classroom. Es importante abordar la innovación no sólo desde distintos aspectos, sino desde profesionales que llevan años haciéndola realidad en sus aulas.

P.– Además de visibilizar el liderazgo femenino en educación, reinvidica el papel de la mujer en educación.
R.– La introducción del libro dice: “La educación tiene nombre de mujer y así se lo vamos a mostrar”. Pongo de relieve el papel de la mujer como educadora, tanto en la figura de la maestra como en la de la madre. Cuántos profesionales con maravillosos currículos se lo deben, en cierto modo, a una mujer que creyó en ellos y les hizo creer en ellos y en su potencial. De hecho, muchas de las protagonistas hablan de la importancia que tuvo en su infancia alguna maestra que confió en ellas. Cuentan historias muy bonitas que merecen ser leídas. Por ejemplo, Alicia Bastos, que es la directora del método de estimulación auditiva Johansen, habla de una maestra suya que tenía una enfermedad del sistema neuromotor y que era tan buena que nadie reparaba en la enfermedad, no era una barrera para nada ni para nadie.

P.– Le voy a poner en un compromiso: ¿puede decirme si alguna historia le marcó especialmente?
R.– No puedo elegir. En lo que se respecta a su vida, todas tienen una historia de resiliencia admirable. Pienso en Luz Rello, que era una niña disléxica que lloraba cada vez que le daban las notas, y que se enteró de que en el diccionario venían todas las reglas ortográficas y se las estudió de memoria. Y un día abrió el sobre de las notas, vio que había todo sobresalientes y pensaba que había habido un error. Con esa resiliencia, se dispone a estudiar Filología Hispánica; luego estudia Informática y la fichan en una Universidad de EEUU para hacer una app que detecta la dislexia y pone en marcha la Fundación Change Dislexia para ayudar a detectar la dislexia en los niños y ayudarlos en esa dificultad de aprendizaje. Y ahora está estudiando las cualidades positivas que tienen las personas con dislexia. Y como esta historia, podría contar muchas. Por ejemplo, la de Miriam Reyes, una joven arquitecta sevillana que inicia una trayectoria en educación por un primo suyo que tiene autismo; ella descubre que para su primo pueda aprender utiliza pictogramas y funda empresa que se llama Aprendices Visuales para promover el aprendizaje en la escuela con pictogramas. Sofía Temprano, emprendedora aragonesa, enfocada a las actividades extraescolares hasta que oye hablar de un colegio que va a cerrar en Zuera (Zaragoza) y lo convierte en el primer referente de Flipped Classroom en España… Charo Fernández trabajaba en empresas tecnológicas hasta que se queda embarazada y la echan, y paseando un día por su barrio se encuentra con un profesor de Salesianos que le pide ayuda para una cuestión tecnológica del colegio, y de ahí sale una carrera de 20 años en educación promoviendo la tecnología entre las chicas. Todas tienen súper historias…

P.– Todo el mundo en educación conoce a Alejandra Vallejo-Nájera, a Carmen Pellicer y a la madre Montserrat, pero puede que no a las otras 19 del libro. Más allá de la educación, también es un libro de historias personales de superación, y, además, de mujeres. No es sólo un libro para la gente del sector educativo.
R.– Así es. Me está llegando feedback del mundo de la empresa y del mundo de la política que lo está leyendo y les está sirviendo de inspiración. También muchos padres y madres de familia, que están viendo en el libro una manera de asomarse al cambio en educación sin miedo y entenderlo. Ése era también uno de mis objetivos: que el libro sirviera como vehículo de divulgación de la innovación educativa y del cambio de modelo para las familias.

P.– El libro lo terminó en pleno confinamiento. ¿Cómo fue terminar un libro sobre educación con las escuelas cerradas y preocupadas por tantas cosas en aquel momento?
R.– Cuando estaba realizando las últimas correcciones al libro se decretó el estado de alarma. Todos los planes cambiaron. Por un lado, el parón me dio la oportunidad de escribir un epílogo en el que daba mi agradecimiento a todos los docentes por el esfuerzo ímprobo que estaban haciendo, y también a los miembros de los equipos directivos, a los estudiantes y sus familias… Y la situación también nos llevó a realizar tres webinars –uno sobre Robótica en la escuela, otro sobre educación ecológica y otro sobre educación emocional– en los que llegaron a participar docentes de siete países que compartieron cómo estaban tratando de sacar a los niños adelante en aquel momento. Fue muy enriquecedor.

P.– Tal y cómo está evolucionando la educación en el último año, ¿es posible que haya una segunda parte?
R.– La verdad es que cuando yo ideo el proyecto, voy más allá de la idea de un libro. Lo que me gustaría es que fuera el embrión de una red de mujeres líderes en educación que alcance tanto a referentes de alcance internacional como a la más sabia maestra de una escuela rural. De hecho, hay una cuenta de correo (ana.farre@mujereslidereseneducacion.com) para que la gente que quiera me mande historias, recomendaciones, contactos… Y me están llegando. La idea es que pronto podamos configurar una plataforma online para canalizar el proyecto.

Comparte.